Adolescente revierte camión y aplasta a su padre en Chaco
Un joven de 18 años intentó evitar que un novillo escapara y terminó atropellando a su papá, de 47 años, en la zona de Alta Gracia. El caso, catalogado como homicidio culposo, se suma a otra muerte violenta en una estancia de la provincia de Buenos Aires, lo que reabre el debate sobre la seguridad en el trabajo agropecuario.
Una tarde de martes, en el paraje Alta Gracia, a unos 140 kilómetros de Taco Pozo, un adolescente de 18 años se vio envuelto en una tragedia que dejó sin vida a su padre, Ramón Astorga, de 47 años. Según informó la policía, ambos estaban cargando hacienda en un viejo Mercedes Benz 1518 cuando uno de los vacunos saltó del camión. El joven, para impedir la fuga del animal, puso el vehículo en reversa y, en el proceso, aplastó a su padre, quien falleció en el acto.
El hecho quedó registrado como “homicidio culposo en accidente de tránsito” y está bajo la investigación del fiscal Gustavo Rafael Valero, de la Fiscalía Penal 4. La denuncia no aclara si el camión contaba con dispositivos de seguridad o si el adolescente estaba debidamente capacitado para operar el vehículo bajo esas condiciones. Tampoco se conoce si el corral estaba adaptado para evitar que los animales escaparan al momento de la carga.
A pocos días del suceso en Chaco, otra tragedia se consumó en la estancia Santa Adela, a 13 kilómetros del casco urbano de Pedro Luro, en el suroeste bonaerense. El 22 de septiembre, a las 14 horas 35, Aníbal Dukardt, de 75 años, trabajaba en un corral junto a su hijo Martín, un peón y un veterinario cuando un toro de raza Aberdeen Angus, sin cornamenta y con un peso estimado entre 600 y 800 kilogramos, lo embistió. La víctima murió horas después, tras ser trasladada a un hospital de Bahía Blanca, donde los médicos confirmaron que, aunque no presentaba fracturas, “estaba aplastado por dentro”.
Los dos episodios, ocurridos en provincias distintas pero bajo la misma lógica de trabajo con ganado, ponen en evidencia la escasa atención a protocolos de seguridad en el sector. En el caso de Chaco, la decisión de retroceder el camión con una persona a bordo parece contradecir cualquier normativa básica de prevención de accidentes. En la estancia de Santa Adela, la presencia de un toro de gran tamaño sin medidas de contención claras plantea interrogantes sobre la gestión de riesgos en corrales donde conviven animales y trabajadores.
Quedan varias preguntas sin respuesta: ¿Qué entrenamiento reciben los jóvenes que manejan vehículos de carga en zonas rurales? ¿Existen inspecciones regulares del estado mecánico de los camiones que se usan para transportar hacienda? ¿Cuáles son los requisitos de seguridad para los corrales que albergan animales de varios cientos de kilos? La fiscalía de Chaco ya investiga la responsabilidad penal del hijo, pero la investigación no ha indicado si se considerarán también posibles omisiones de los propietarios del terreno o de la empresa que provee el camión.
En el caso de la muerte de Dukardt, la investigación parece centrarse en la dinámica del ataque del toro, pero no se ha mencionado si el corral contaba con barreras de protección o si el animal presentaba algún signo de agresividad que hubiera sido detectado antes del incidente. La falta de datos oficiales sobre medidas de prevención refuerza la sensación de que la normativa existente no se aplica de forma rigurosa.
Ambas tragedias subrayan la necesidad de revisar y reforzar los protocolos de seguridad en el trabajo agropecuario. Mientras la justicia sigue su curso, la comunidad rural y las autoridades deberían evaluar si la capacitación, la inspección de equipos y la gestión de corrales son suficientes para evitar que una maniobra de último minuto o la presencia de un animal de gran tamaño vuelva a terminar en muerte. El costo humano de la negligencia, como demuestran estos dos casos, sigue siendo demasiado alto.





