Barros respalda reclamo argentino y defiende el comercio con británicos
El ministro de Defensa de Chile, Fernando Barros Torconal, afirmó que el país apoya la soberanía argentina sobre las Malvinas, pero al mismo tiempo sostuvo que la comunidad magallánica tiene derecho a comerciar con el gobierno británico en el archipiélago. Sus declaraciones, realizadas en Radio Polar, coincidieron con la advertencia del secretario de Defensa del Reino Unido de que Londres está dispuesto a defender las islas por la fuerza.
En una entrevista concedida este viernes a Radio Polar de Magallanes, el ministro de Defensa chileno, Fernando Barros Torconal, abordó dos temas que, a primera vista, parecen incompatibles. Por un lado, reiteró el apoyo de Chile al reclamo de soberanía que Argentina mantiene sobre las Islas Malvinas o Falkland, y por otro, defendió la posibilidad de que los habitantes de la región de Magallanes desarrollen actividades comerciales con el gobierno británico en esas islas.
Barros explicó que Chile “apoya la pretensión argentina, su reclamo de soberanía sobre las Malvinas”, pero recordó que “hay una situación de hecho: un país amigo que hace 200 años ejerce soberanía”. La referencia a dos siglos de dominio británico subraya la contradicción entre el respaldo diplomático a Buenos Aires y la aceptación de una realidad territorial que Chile no reconoce como suya.
Al mismo tiempo, el ministro defendió la iniciativa de abrir un corredor marítimo entre Punta Arenas y el archipiélago argentino, argumentando que “los habitantes de Magallanes tienen derecho a impulsar operaciones económicas con el Gobierno británico en Malvinas”. Según Barros, esas actividades “no presentan inconvenientes” siempre que se ajusten a la normativa vigente. La declaración sugiere que, para el gobierno chileno, los intereses económicos de la zona sur pueden primar sobre la postura política de apoyo a la causa argentina.
El discurso de Barros también tocó el tema de la explotación petrolífera en las Malvinas, un punto que ha reavivado la tensión entre Buenos Aires y Londres. El ministro lo describió como “un tema puntual que puede ser un poco más conflictivo” y señaló que será necesario “analizarlo en su momento”. No ofreció detalles sobre posibles acuerdos o restricciones, lo que deja abierta la cuestión de si Chile pretende mediar, mantenerse al margen o buscar alguna ventaja estratégica.
Las palabras del ministro chileno llegaron un día después de que Wes Streeting, secretario de Defensa del Reino Unido, declarara a The Sun que Gran Bretaña está “lista para defenderlas por la fuerza”. Streeting recordó que la cuestión se resolvió en 1982, pero enfatizó la voluntad de los isleños de permanecer bajo soberanía británica y la capacidad del Reino Unido para protegerlas. La coincidencia temporal de ambas declaraciones intensifica la percepción de una disputa regional donde Chile se posiciona en una zona intermedia.
Este doble discurso plantea varias interrogantes. ¿Cómo concilia el gobierno de Chile el respaldo a la reivindicación argentina con la autorización de actividades comerciales bajo la autoridad británica? ¿Qué peso tiene la dimensión económica –el corredor marítimo y el comercio‑ frente a la dimensión simbólica de la soberanía? Además, la mención de “un país amigo” que ejerce control desde hace 200 años sugiere que Chile reconoce la realidad de facto sin renunciar a la postura de apoyo a Buenos Aires, lo que podría interpretarse como una estrategia de equilibrio diplomático para no perjudicar sus relaciones bilaterales con ninguno de los dos vecinos.
Otro punto que queda sin respuesta es la postura chilena respecto a la posible extracción de hidrocarburos en las islas. Barros calificó el asunto de “tema puntual”, pero no aclaró si Chile tendría algún interés directo o si buscaría mediar entre las partes. Dado que la zona es rica en recursos y que la disputa ha sido utilizada por Argentina como argumento de presión, la ausencia de una posición clara deja abierta la posibilidad de que Chile pueda inclinarse por una de las partes según convenga a sus intereses estratégicos.
En definitiva, la entrevista de Barros muestra una política chilena que intenta combinar la solidaridad histórica con Argentina y la pragmática necesidad de mantener vínculos económicos con el Reino Unido. La contradicción aparente entre “apoyar la soberanía argentina” y “permitir el comercio con los británicos” invita a seguir de cerca cómo evolucionará esta postura en los próximos meses, especialmente si la discusión sobre el corredor marítimo y la explotación petrolífera avanza. La pregunta clave sigue sin respuesta: ¿hasta dónde llega la coherencia de la política exterior chilena cuando los intereses económicos y los compromisos diplomáticos chocan?



