Burkina Faso llega sin titulares y pierde 7-0 ante Argentina
El seleccionado africano arribó al Monumental con un plantel mayormente Sub‑23 después de que una falla técnica y una disputa con su federación obligaran a varios jugadores a quedarse en Casablanca. Mientras tanto, la AFA tuvo que improvisar el calendario y enfrentar problemas logísticos con el próximo rival, Benín, y con la negativa de la Roma a liberar a Dybala y Molina para la despedida de Messi.
El amistoso del sábado quedó marcado más por lo que no se vio en el campo que por los siete goles que anotó Argentina. Burkina Faso, 62.º en el ranking FIFA, se presentó con una escuadra de emergencia compuesta en su mayoría por futbolistas Sub‑23. La crisis comenzó antes de que la pelota rodara: el vuelo chárter programado desde Casablanca para el 30 de septiembre sufrió una falla técnica y tuvo que ser cancelado. Según Jairo Pachón, agente FIFA y organizador del encuentro, la búsqueda de una nueva aeronave se dio contrarreloj, y para entonces varios jugadores ya habían decidido no viajar, obligando a convocar reemplazantes y tramitar visados de urgencia.
La delegación aterrizó en Ezeiza a las 15 h 44, tras 11 h 39 min de vuelo y 9 231 km recorridos. En menos de cinco horas pasó por el control migratorio, el hotel, una breve comida, y volvió al micro que los llevó al Monumental, donde ya a las 21 h empezaba el partido. La falta de tiempo impidió cualquier entrenamiento; la única práctica que el equipo realizó fue en Uagadugú, y ni siquiera con los jugadores que finalmente enfrentaron a la Albiceleste.
El caos logístico de Burkina Faso no explica por completo por qué Argentina terminó el día enfrentando a un rival armado a último momento. La AFA había anunciado a mediados de septiembre que Argentina jugaría contra Bolivia, Burkina Faso y Benín, pero la agenda internacional de la mayoría de selecciones ya estaba cerrada. Cuando el plan con Burkina se vino abajo, la confederación tuvo que “rascar el fondo de la olla” para conseguir a Benín, 93.º en el ranking, que nunca había disputado un Mundial.
Benín llegó a Buenos Aires el viernes, tras un itinerario que incluyó un viaje de 25 h desde Abiyán, una parada de cuatro horas en París y, según el portal Mega Sports, problemas en su hotel: falta de agua caliente, sauna fuera de servicio y gimnasio con escasas máquinas. El medio informó que para el domingo los inconvenientes se habían solucionado y la delegación estaba “completamente serena”. Algunos jugadores aprovecharon para asistir a un partido de Independiente‑Instituto, invitación del arquero Joaquín Blázquez, con el objetivo de “empaparse del ambiente del fútbol argentino”, según el técnico Gernot Rohr.
El objetivo de los jugadores benineses era claro: compartir la última noche de Lionel Messi con la camiseta argentina. Tijani Mohamed prometió quedarse con la camiseta, mientras el capitán Steve Mounié, entre risas, pidió a Messi que “no haga muchos golazos” en su despedida.
Detrás de la improvisación de los rivales, la AFA también tuvo que lidiar con la negativa de la Roma a autorizar los viajes de Paulo Dybala y Nahuel Molina, invitados como campeones del mundo en Qatar 2022 para acompañar a Messi. El club italiano citó “razones deportivas y logísticas”, aludiendo a la extensión del viaje intercontinental y a los compromisos oficiales próximos. Ni Dybala ni Molina integraron la convocatoria de Scaloni; el primero no estaba en la lista y el segundo está suspendido por incidentes posteriores a la final del Mundial 2026.
Scaloni, tras la goleada, reconoció la falta de opciones: “No tenemos muchas opciones. Hay algunos pocos equipos libres. No es que podamos elegir, está todo ya cerrado o bloqueado”. Admitió que le gustaría enfrentar adversarios más exigentes, pero relativizó la importancia de estos amistosos para la preparación, señalando que Argentina llegó “al más alto nivel” sin medirse constantemente contra potencias.
La pregunta que queda en el aire es hasta qué punto la AFA está dispuesta a aceptar partidos con rivales de bajo nivel y a gestionar itinerarios tan caóticos cuando la logística depende de factores externos y de la disposición de clubes europeos. La falta de alternativas evidentes, sumada a los problemas de hospedaje y a la ausencia de jugadores clave, pone en duda la capacidad organizativa del cuerpo técnico y de la federación para plan





