Cucarachas piden la renuncia de Gyanesh Kumar. Extienden la marcha a todo el país.
El movimiento juvenil anunció que llevará sus movilizaciones a todo el país hasta que Gyanesh Kumar deje su cargo. La medida surge tras la detención de sus tres dirigentes, liberados bajo la condición de no alterar la paz durante un año, y una orden del Tribunal Supremo que obliga al Gobierno a garantizar la libre circulación y el acceso a internet.
El Cockroach Janta Party (CJP), conocido popularmente como “las Cucarachas”, declaró este domingo que la lucha “acaba de empezar” y que las protestas no se limitarán a la capital. El anuncio se produce un día después de que la policía de Nueva Delhi detuviera a los tres líderes del movimiento —Ashutosh Ranka, Saurav Das y su fundador Abhijeet Dipke—, quienes permanecieron bajo custodia más de 24 horas. Al ser liberados, se les impuso una condición que prohíbe cualquier alteración de la paz durante un año; los dirigentes la rechazaron, argumentando que la protesta pacífica está garantizada por la Constitución.
Dipke, tras su puesta en libertad, viajó a Maharashtra para asistir al funeral de su abuela, fallecida mientras él estaba detenido. En su relato, denunció malos tratos de la policía de Delhi: le negaron llamadas a su familia y a su abogado, y lo despertaron a las 3.30 de la madrugada para que informara a sus padres del arresto. La policía no ha emitido respuesta oficial a esas acusaciones.
El mismo día, el Tribunal Supremo intervino y ordenó que no se produzcan detenciones ilegales, que el metro y los trenes operen con normalidad y que no se interrumpa el acceso a internet, salvo que sea necesario para mantener el orden público. Además, el alto tribunal dispuso que abogados y periodistas puedan trabajar sin obstáculos y que se revisen las barricadas instaladas alrededor de Jantar Mantar, el tradicional punto de concentración en la capital.
A pesar de la orden judicial, la policía mantuvo una presencia de seguridad considerable. Al menos 100 personas fueron detenidas de forma preventiva cerca de Jantar Mantar, y según algunas fuentes, el número total de arrestos ese día podría alcanzar los 2 000. El sábado anterior, la jornada de los primeros arrestos, provocó el cierre de 45 estaciones de metro y mercados, y la suspensión del internet móvil en el centro de negocios.
El Partido Bharatiya Janata (BJP), que lidera el Gobierno, calificó al CJP de “brazo armado” de la oposición y lo acusó de actuar bajo “fuerzas extranjeras”. El ministro de Defensa, Rajnath Singh, advirtió que “sembrar la anarquía no es un derecho de nadie”. Por su parte, Dipke describió a los agentes como “matones en uniforme” al servicio del ministro del Interior, Amit Shah.
El reclamo central del movimiento se centra en la Revisión Intensiva Especial (SIR) de los censos electorales, un proceso que la Comisión Electoral usa para depurar votantes fallecidos, duplicados o inelegibles. Los manifestantes y varios partidos opositores sostienen que la revisión favorece al BJP y que influyó en los comicios estatales recientes. La Comisión y el propio BJP niegan cualquier irregularidad; Gyanesh Kumar, jefe de la Comisión, no ha emitido declaraciones al respecto.
El contexto de la polémica se remonta a un informe del diario Indian Express, que reveló que dos comisionados electorales habían cuestionado las revisiones de Kumar, las cuales eliminaron cerca de 130 millones de nombres de los censos. La oposición había presentado en agosto 2025 una moción para destituir a Kumar, a la que él respondió que la Comisión trata por igual a todos los partidos. Sin embargo, la destitución requiere un procedimiento parlamentario formal y una mayoría especial en ambas cámaras, una cifra que la oposición no posee.
El CJP surgió como una sátira política, parodiando el nombre del BJP, y ganó notoriedad tras protestas por filtraciones en exámenes de acceso universitario que culminaron con la renuncia del ministro de Educación. Los dirigentes del movimiento compararon el cierre de transportes y las detenciones del fin de semana con el estado de emergencia de 1975, impuesto por el Gobierno de Indira Gandhi, una analogía que busca situar la actuación policial en una tradición de suspensión de libertades civiles.
Quedan varias preguntas sin respuesta. ¿Podrá el movimiento convertir una disputa técnica sobre censos en una presión política suficiente para forzar la renuncia de Kumar, pese a los altos requisitos parlamentarios? ¿Cómo se hará cumplir la orden del Supremo cuando la policía sigue deteniendo a cientos de manifestantes y restringiendo servicios esenciales? Y, por último, ¿qué peso tiene la acusación del Gobierno de que el CJP actúa bajo influencias extranjeras, frente a las denuncias de abuso policial que la propia autoridad no ha aclarado? La respuesta a esas incógnitas definirá si la protesta de las “cucarachas” trasciende la calle y logra un impacto estructural en la política electoral india.






