Cuentapropismo informal se dispara 317 % y supera los 2 millones
El último informe del INDEC muestra que el trabajo por cuenta propia sin registro creció más de tres veces en un año, alcanzando a más de dos millones de argentinos. La expansión se dio en un contexto de caída histórica del empleo asalariado y salarios que apenas cubren la canasta básica.
Los datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) del segundo trimestre de 2026 revelan una tendencia que se aleja de todo lo demás en el mercado laboral: el cuentapropismo informal aumentó un 317 % en un año, pasando de poco más de 1,7 millones a más de 2 millones de ocupados. Ese salto representa alrededor de 307 000 personas que, en tan solo doce meses, dejaron de depender de un empleador para trabajar “por su cuenta” sin registrarse.
Al mismo tiempo, la proporción de asalariados cayó al 70,5 % de los ocupados, el nivel más bajo registrado desde 2016 y equiparado al del último trimestre de 2020, cuando la pandemia devastó el empleo formal. La caída de la “asalarización” indica que cada vez menos trabajadores están bajo una relación de dependencia, sea con contrato registrado o en negro.
El crecimiento del cuentapropismo no se traduce en una ola de emprendedores con proyectos escalables. Según Santiago Poy, vicerrector del Centro de Investigación y Acción Social (CIAS), se trata de un “cuentapropismo de necesidad”. La gente se lanza a la actividad independiente porque no encuentra ingresos en el sector formal, no porque busque oportunidades de negocio. Esa distinción es clave: el impulso viene de la escasez de empleo, no de la creación de valor.
Los ingresos confirman la precariedad. Un estudio del CIAS para el primer trimestre de 2026 indica que los cuentapropistas informales ganan en promedio $ 541 000 al mes, con una mediana de $ 400 000. Eso es menos de la mitad del ingreso promedio de los cuentapropistas formales ($ 1 391 000) y también inferior al ingreso medio de todos los ocupados ($ 1 104 000). La brecha se amplía cuando se mira la remuneración por hora: los informales perciben $ 4 435 por hora, frente a $ 9 154 de los formales, pese a trabajar menos (30,5 h semanales contra 38 h).
Más de la mitad de los trabajadores informales (55 %) ganan menos que la canasta básica de un adulto y el 29 % declara que trabaja menos horas de las que desearía. La encuesta permanente de hogares muestra que la mayor parte de estas actividades se concentran en sectores de baja escala y consumo cotidiano: comercio (635 000), pequeña construcción (402 000), servicios personales como peluquería y jardinería (354 000) y gastronomía (62 000). En varios de esos rubros la informalidad supera el 80 % de los cuentapropistas.
Geográficamente, el perfil se concentra en el conurbano bonaerense: el 46 % de los informales vive en el Gran Buenos Aires, aunque esa zona alberga solo el 43 % de los ocupados totales. El resto se reparte entre la región pampeana, el Noroeste y Cuyo. En cuanto a educación, el 49 % no completó el secundario y otro 33 % solo terminó la educación media; apenas el 7 % posee estudios superiores completos.
Todo este panorama plantea preguntas que quedan sin respuesta clara. ¿Qué políticas públicas están diseñadas para transformar ese cuentapropismo de necesidad en emprendimientos productivos? El informe no menciona medidas específicas de capacitación, acceso a crédito o formalización que pudieran elevar los ingresos y la productividad. Además, la tasa de informalidad general alcanzó el 45 %, el nivel más alto desde que el INDEC empezó a medirla a fines de 2023, pero no se explica qué acciones del gobierno se están tomando para revertir esa tendencia.
Los especialistas también advierten que la simple “creación de empleo” no basta si los puestos son informales y mal remunerados. Claudio Caprarulo, de Analytica, subraya que la informalidad no es una preferencia de los jóvenes con recursos, sino una imposición para quienes no encuentran ingresos en el sector formal. La falta de datos sobre la evolución de los salarios en el empleo formal impide comparar si la brecha salarial está aumentando o estabilizándose.
En síntesis, el salto del cuentapropismo informal refleja una crisis estructural del mercado laboral: caída del empleo asalariado, salarios insuficientes y ausencia de una ruta clara hacia la formalidad. Sin respuestas concretas de política pública, la tendencia parece encaminada a consolidarse, dejando a millones de argentinos en una situación de vulnerabilidad económica que, según los números, se vuelve cada vez más difícil de superar.



