EE.UU. respalda con 51.000 millones la exportación de gas de Vaca Muerta
El gobierno argentino anunciará este miércoles un acuerdo con Estados Unidos para financiar el proyecto de licuefacción y exportación de gas de YPF en Vaca Muerta. La operación, que incluye créditos del Exim Bank y capital privado, llega en medio de la falta de avances del ARTI y plantea dudas sobre su viabilidad a largo plazo.
En el marco del viaje del presidente Javier Milei a la Asamblea General de la ONU, el canciller argentino, Luis Quirno, se reunirá este miércoles en la sede del consulado de Argentina en Washington con el vicesecretario de Estado Christopher Landau y el argentino‑estadounidense Juan Pablo Segura. El objetivo es sellar un paquete de financiamiento que respalde la exportación de gas natural licuado (GNL) proveniente de Vaca Muerta, el mayor yacimiento de hidrocarburos no convencional del país.
El eje central del acuerdo es el proyecto Argentina LNG, impulsado por YPF en asociación con la italiana Eni y la estatal emiratí ADNOC. Según la información disponible, la inversión total prevista asciende a US$ 51.000 millones a lo largo de la vida del proyecto, la cifra más alta bajo el Régimen de Incentivos a las Grandes Inversiones (RIGI) y la mayor inversión privada anunciada en la historia argentina. El plan contempla una cadena integrada que va desde los bloques de gas rico en Neuquén hasta dos unidades flotantes de licuefacción (FLNG) con una capacidad combinada de 12 millones de toneladas al año, ubicadas frente a la costa de Río Negro. La puesta en marcha está programada para 2031, y los promotores estiman exportaciones de alrededor de US$ 10.000 millones anuales durante veinte años.
El financiamiento se estructurará con el respaldo del Banco de Exportación e Importación de Estados Unidos (Exim Bank) y capital privado, bajo la coordinación de JP Morgan, que ya estuvo en la agenda del ministro de Economía, Luis Caputo, en Nueva York. La participación estadounidense se enmarca en una política de “energía como prioridad estratégica”, impulsada por la administración de Donald Trump en respuesta a los conflictos de suministro derivados de las guerras en Ucrania y Oriente Medio.
Sin embargo, el anuncio se produce mientras el Acuerdo sobre Comercio e Inversiones Recíprocos (ARTI), firmado en febrero, sigue sin ser tratado por el Congreso. La ausencia de una aprobación legislativa plantea la primera gran incógnita: ¿cómo se garantizará la seguridad jurídica del financiamiento y de los contratos vinculados al proyecto si el marco institucional sigue en pausa? Además, la dependencia de un préstamo del Exim Bank y de inversores privados genera dudas sobre la exposición de la deuda externa en un contexto de alta inflación y déficit fiscal.
Otra cuestión pendiente es la factibilidad de los plazos. La fecha de inicio de operaciones, 2031, está a ocho años de distancia, mientras que la coyuntura macroeconómica argentina sigue marcada por volatilidad cambiaria y restricciones de acceso a divisas. ¿Qué garantías ofrecen los socios internacionales para que los recursos lleguen en el momento necesario y no se diluyan en retrasos burocráticos o en la renegociación de términos financieros?
Por último, el proyecto Argentina LNG se presenta como una solución a los problemas de abastecimiento de gas y petróleo que afloran tras los conflictos internacionales, pero la noticia no aclara cómo se integrará la producción a la red de distribución interna ni qué impacto tendrá en los precios locales del gas. La información disponible no detalla si parte de la producción se destinará al mercado interno o si la exportación será total, lo que deja abierta la pregunta sobre los beneficios directos para los consumidores argentinos.
En síntesis, el acuerdo con EE.UU. representa una inyección de capital sin precedentes para la



