El productor que mató a cinco niños no logra conmover a familias
Este viernes se dicta sentencia por el choque que dejó cinco muertos en la ruta 29, entre ellos dos niños. La defensa insiste en que la lluvia y el estado del pavimento provocaron el accidente, mientras la fiscalía señala velocidad y antecedentes de infracciones. El caso vuelve a poner bajo la lupa a dos fiscales que también intervenían en el juicio por el homicidio de Fernando Báez Sosa.
En la mañana del 20 de febrero de 2022, una 4x4 Toyota SW4 conducida por Eduardo Owen Cavanagh (48) se cruzó de carril y chocó frontalmente contra un Renault Clio en el kilómetro 103 de la ruta provincial 29, en General Belgrano. El impacto, descrito por peritos como “de gran violencia”, desplazó al Clio entre 20 y 30 metros y provocó la muerte instantánea de sus cinco ocupantes: Guillermo Sebastián Martínez (36), su pareja Ruth de los Ángeles Figueroa (29), su hijo Felipe Giuliano Martínez (2), la hija de la mujer, Agustina Lucila Meza (4), y Cristian Adrián Onieva (46). Los niños murieron por graves traumatismos craneoencefálicos.
Cavanagh, que regresaba de un campo en Ayacucho, apenas habló en la audiencia del Juzgado en lo Correccional N° 2 de Dolores, y su llanto no logró conmover a los familiares de las víctimas. Un allegado a los fallecidos declaró que el productor “no le interesa escuchar nada de él, porque no le cree su supuesto dolor”. La familia, que viajaba en caravana para celebrar un cumpleaños, no se dirigió al acusado durante el juicio.
El proceso judicial, que constó de dos audiencias (16 y 17 de septiembre), culmina este viernes a las 12 con la sentencia. Dos fiscales que trabajaron juntos en el caso de Fernando Báez Sosa –Juan Manuel Dávila, quien actúa como acusador, y Gustavo García, ahora abogado de la defensa– se enfrentan en la sala. Dávila pidió cinco años de cumplimiento efectivo y diez años de inhabilitación para conducir; el abogado del imputado, Facundo Nimer Echave, solicitó la absolución o, en su defecto, la aplicación del principio de duda razonable.
La defensa argumenta que la carretera estaba en mal estado y que la lluvia torrencial provocó aquaplaning, haciendo que la SW4 perdiera el control. Según el peritaje de parte, el carril por el que circulaba Cavanagh presentaba surcos de 11 a 12 centímetros de profundidad, producto del tránsito constante de camiones cargados, mientras que el carril contrario mostraba apenas tres centímetros de deformación. El perito también señaló la presencia de charcos que, según su informe, habrían favorecido el hidroplaneo.
En contraposición, la fiscalía sostiene que la velocidad del vehículo nunca se pudo determinar con precisión, pero los familiares de las víctimas estiman que la 4x4 circulaba entre 140 y 180 km/h. Además, el acusado acumulaba 14 infracciones de tránsito, entre ellas excesos de velocidad y evasión de peaje, lo que, según el fiscal Juan Tiberio, “no los mató el clima, sino la imprudencia”. La defensa, sin embargo, no logró acreditar que Cavanagh hubiera conducido de forma negligente.
Otro punto de controversia quedó sin resolver: la pericia no pudo establecer con certeza la velocidad exacta del vehículo en el momento del choque, y los peritos de ambas partes no coincidieron en sus conclusiones. La defensa también afirmó que la 4x4 solo se detuvo a unos cien metros del impacto, lo que sugiere una pérdida de control prolongada, pero no



