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Fabrican toallas 100 % algodón en Argentina y quintuplican su producción

Tres amigos con más de dos décadas en el sector textil convirtieron una pequeña planta en una fábrica que hoy produce 200 000 kilos de toallas al mes, todo con algodón local. La inversión de cerca de tres millones de dólares les permitió modernizar la línea, pero ¿es suficiente para enfrentar la abrumadora competencia de importados?

Redacción Tiempo REAL · Publicado el 26 de septiembre de 2026 - 23:45hs

Fabrican toallas 100 % algodón en Argentina y quintuplican su producción

Franco Valente, José Ini y los hermanos David y Adolfo Setton comenzaron hace 25 años con una idea sencilla: una empresa textil que fabricara toallas. El proyecto nació en un contexto donde el mercado estaba dominado por productos importados, y los fundadores apostaron por diferenciarse con toallas bordadas, un segmento prácticamente inexistente en la Argentina en ese momento. La primera marca, La Bordadora, se dedicaba al bordado para terceros; la experiencia les mostró que el valor agregado era clave y los llevó a enfocarse en toallas de mayor calidad.

Con el tiempo, la firma amplió su capacidad productiva de 30 000 kilos a 200 000 kilos mensuales, un salto que describen como “quintuplicar” la producción. La cifra se alcanzó tras una inversión de cerca de tres millones de dólares en maquinaria de última generación, adquirida después de viajes a Europa y reuniones con especialistas del sector. La modernización incluyó procesos propios de pretratamiento, tintura y terminación, y una cadena de suministro totalmente nacional: el algodón se cultiva, selecciona y transforma en hilados dentro del país antes de convertirse en la base de las toallas.

Hoy la empresa opera dos plantas industriales en San Martín, provincia de Buenos Aires, y cuenta con un centro de distribución en Barracas. Sus clientes son mayoristas de los sectores de blanquería, hotelería y merchandising corporativo, y la cartera incluye 832 clientes activos en todo el territorio nacional. La propuesta se centra en toallas 100 % algodón, con énfasis en absorción, suavidad y durabilidad, atributos que la compañía asegura diferencian sus productos de los importados.

Sin embargo, la nota deja varias preguntas sin respuesta. Primero, la información no detalla cómo la inversión de tres millones de dólares se compara con los costos de producción de los competidores extranjeros, ni si la empresa logra mantener precios competitivos para los mayoristas. Segundo, aunque se menciona una capacidad de 200 000 kilos mensuales, no se indica el nivel real de ocupación de esa capacidad ni la participación de mercado que la empresa ha logrado capturar. La cifra de 832 clientes activos suena amplia, pero no se especifica cuántos de ellos son compradores recurrentes o cuán distribuida está la venta entre los distintos sectores.

Otro punto que resulta ambiguo es la sostenibilidad del modelo. La empresa utiliza algodón argentino, pero el texto no menciona si se trata de algodón convencional o de cultivos con certificaciones ambientales, un aspecto cada vez más relevante para hoteles y corporaciones que buscan proveedores responsables. Asimismo, la inversión en maquinaria de última generación sugiere un compromiso con la eficiencia, pero no se ofrecen datos sobre el consumo energético o la generación de residuos, lo que impide evaluar el impacto ambiental de la producción a gran escala.

Finalmente, la inclusión de un párrafo sobre POSCO y su polémica en Brasil parece desconectado del tema central. No se explica si la presencia de POSCO en la región del litio argentino tiene alguna relación con la cadena de suministro de la fábrica de toallas, lo que genera la sensación de que el texto mezcla información sin una conexión clara.

En conjunto, la historia muestra una iniciativa emprendedora que ha logrado escalar su producción y mantenerse íntegramente en territorio nacional, algo poco frecuente en la industria textil local. No obstante, la falta de datos sobre precios, márgenes, ocupación de capacidad y criterios de sostenibilidad dificulta valorar si el modelo es realmente viable a largo plazo frente a la presión de los importados. La respuesta a esas preguntas será crucial para determinar si la apuesta por la calidad y el “made in Argentina” puede sostenerse en un mercado cada vez más exigente.

Publicado el 26 de septiembre de 2026 - 23:45hs

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