Falleció Carlos Alonso, el último gran pintor que desafió a la dictadura
Alonso murió a los 97 años en su casa de Unquillo, donde había fundado un museo y presentado su última muestra en 2025. Su obra, marcada por la violencia política y la desaparición de su hija, deja abiertas preguntas sobre la preservación de su legado y la responsabilidad del Estado frente a los crímenes de la época.
El pintor argentino Carlos Alonso se fue a los 97 años, según anunció su familia en redes sociales. La noticia se dio a conocer mientras el artista vivía en Unquillo, Córdoba, una localidad que había elegido por la luz del sol sobre los cerros, un elemento que él consideraba esencial para pintar. Allí, además de su estudio, Alonso ayudó a fundar el Museo de Arte Contemporáneo de Unquillo, una institución que albergó su última exposición en 2025.
Nacido el 4 de febrero de 1929 en Tunuyán, Mendoza, Alonso inició su formación artística en 1944 en la Academia de Bellas Artes de la Universidad Nacional de Cuyo, bajo la tutela de Sergio Sergi, Lorenzo Domínguez y Francisco Bernareggi. En 1950 se trasladó a Tucumán para incorporarse al grupo de Spilimbergo en la universidad local, y una exposición en Buenos Aires le abrió la puerta a Europa en 1953. Allí entró en contacto con Velázquez y Van Gogh, influencias que se reflejan en su estilo posterior.
Su carrera estuvo marcada por una serie de hitos que combinaron reconocimiento institucional y compromiso político. En 1957 obtuvo el Primer Premio del concurso para ilustrar la segunda parte de Don Quijote de la Mancha, mientras que en 1968 trabajó en ilustraciones de La Divina Comedia en Florencia, proyecto que volvió a presentar en el Bellas Artes en 2021. La serie “Lección de anatomía”, iniciada en 1969, mostró su primera incursión explícita en la temática política, con referencias a la ejecución del Che Guevara.
A mediados de los años sesenta, Alonso empezó a explorar la violencia ejercida sobre el cuerpo, una línea que se consolidó con collages de 1965 y la exposición de 1972 en la Galería Giulia de Roma. El punto álgido llegó en abril de 1976, cuando presentó “El ganado y lo perdido” en la Art Gallery International, apenas un mes después del golpe de Estado. Ese mismo año se exilió con su esposa e hijo, y en 1977 su hija Paloma fue detenida y desaparecida, un hecho que transformó radicalmente su plástica.
A nivel institucional, Alonso recibió el Premio Konex de Platino en 1982 y 1992, y en 2019 el Museo Nacional de Bellas Artes de Buenos Aires organizó la exposición “Carlos Alonso. Pintura y tradición”, que revisó su obra y sus vínculos con la tradición pictórica argentina.
A pesar de la abundancia de datos, la información oficial deja varios vacíos. No se especifica la causa de su fallecimiento ni si recibió atención médica especializada en sus últimos años. Tampoco se detalla el estado actual del Museo de Arte Contemporáneo de Unquillo: ¿continúa activo? ¿Quién asume su gestión tras la partida del artista? La familia anunció la muerte en redes, pero no se ha emitido comunicado de instituciones culturales que podrían aportar una visión más completa del legado de Alonso.
La muerte de Carlos Alonso también reabre el debate sobre la denominación de “último gran pintor argentino”. En los últimos meses fallecieron Julio Le Parc y Juan Carlos Distéfano, pero el panorama artístico nacional sigue contando con figuras de renombre. ¿Qué criterios se están usando para catalogar a un artista como “último gran pintor”? La pregunta sugiere una necesidad de repensar los parámetros de valoración en el arte contemporáneo argentino.
En definitiva, la partida de Carlos Alonso cierra un capítulo de la historia del arte que estuvo siempre entrelazado con la política y la memoria nacional. Queda pendiente la tarea de garantizar que sus obras, sus denuncias visuales y el museo que fundó sigan siendo accesibles y relevantes para las nuevas generaciones, y que el Estado asuma la responsabilidad de investigar y reconocer los crímenes que marcaron su vida y su obra.



