Fenómeno El Niño podría ser el más intenso de los últimos siglo
La Organización Meteorológica Mundial advierte que el pico del fenómeno llegará en diciembre y que podría superar a los de los últimos cien años. Ya se observan efectos críticos en Bogotá, el Canal de Panamá y Ecuador, mientras la CAF prepara un paquete de mil millones de dólares para la próxima fase de 2026‑2027.
La Organización Meteorológica Mundial (OMM) pronostica que el episodio de El Niño alcanzará su punto máximo en diciembre y que podría ser el más fuerte de los últimos 100 años.
Los impactos ya se sienten en la región. En abril de 2024, Bogotá tuvo que racionar el suministro de agua porque el sistema Chingaza, que cubre el 70 % del abastecimiento de la capital, cayó a cerca del 16 % de su capacidad. En Panamá, la sequía obligó a reducir los cupos diarios de tránsito por el Canal de 36 a 22 embarcaciones. En Ecuador, entre diciembre de 2023 y marzo de 2024, las lluvias vinculadas a El Niño afectaron a aproximadamente 160 000 personas y más de 35 000 viviendas.
Ante este escenario, el Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe (CAF) puso a disposición un paquete inicial de 1.000 millones de dólares para fortalecer la preparación y la respuesta ante El Niño en la fase 2026‑2027. En la tercera edición del Foro Económico Internacional América Latina y el Caribe, que se celebrará en Panamá los días 27 y 28 de enero de 2027, se realizará la primera Reunión de Ministros de Economía de la región dedicada a la gestión financiera de desastres y al fortalecimiento de la institucionalidad fiscal.
CAF impulsará un libro blanco con recomendaciones y buenas prácticas adaptadas a distintas realidades territoriales, desarrollará herramientas concretas de gestión de riesgos, programas de asistencia técnica y mecanismos para facilitar el intercambio de información y conocimientos entre países e instituciones.
Según el texto, la escasez de agua y las inundaciones pueden comprometer servicios esenciales como el agua potable y la energía, agravar la salud pública y la seguridad alimentaria, y generar pérdidas agrícolas, ganaderas y pesqueras, daños a la infraestructura, interrupciones en las cadenas de suministro y posibles aumentos de precios. El desafío, según la entidad, es transformar el conocimiento científico en decisiones y esas decisiones en capacidades efectivas para proteger a las personas, las economías y los territorios.
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