Florencia Canale revive a la Condesa Sangrienta en su novela “Maldita”
La escritora argentina lanzó “Maldita”, una obra que sitúa a Erzsébet Báthory entre los bosques helados de Europa central y su obsesión por la juventud eterna. Canale recorrió los castillos vinculados al personaje antes de escribir, sumándose a la larga lista de reinterpretaciones de la figura histórica.
La autora argentina Florencia Canale presentó su última novela, “Maldita”, que vuelve a colocar a Erzsébet Báthory, conocida como la Condesa Sangrienta, en el centro de una trama de horror histórico. El libro narra la vida de la aristócrata húngara a partir de su obsesión por la juventud, describiendo la sangre como “elixir” y “medicina blasfema”.
Canale viajó a Eslovaquia, Hungría y Austria para visitar los castillos donde se desarrollaron los hechos que rodean a Báthory. En sus notas de viaje, la escritora menciona que la investigación le permitió ambientar la novela en los bosques y montañas de la región, recreando la atmósfera que rodeó al castillo de Csejte (actual Čachtice, Eslovaquia).
Erzsébet Báthory nació el 7 de agosto de 1560 en Nyírbátor, en el este de Hungría, dentro de una de las familias más poderosas de Europa central. A los catorce años quedó comprometida con Ferenc Nádasdy; la boda se celebró el 8 de mayo de 1575. Tras la muerte de su esposo en 1604, los rumores sobre actos violentos en su castillo llegaron a la corte. En 1610 el palatino György Thurzó, funcionario de mayor rango del reino después del rey, lideró una comitiva armada que ingresó al castillo de Csejte. Según una carta que Thurzó envió a su esposa, allí encontraron el cuerpo de una muchacha y a otras mujeres heridas o encerradas. Báthory, de cincuenta años, quedó confinada en el castillo y murió el 21 de agosto de 1614.
El proceso judicial contra la condesa se realizó entre el 2 y el 7 de enero de 1611 en Bytča. En el banquillo no estuvo Báthory, sino cuatro de sus servidores, quienes confesaron bajo tortura y recibieron castigos severos. Los testimonios recopilados por los notarios de Thurzó, cerca de trescientos, no mencionan el uso de sangre como cosmético. La imagen de la condesa bañándose en sangre apareció por primera vez en 1729, en la “Trágica Historia” del jesuita László Turóczi, quien describió un episodio en el que una criada se hirió al peinar a Báthory y la noble, al limpiar la sangre, creyó haber visto su piel más blanca y tersa. A partir de ese relato se consolidó la leyenda del baño de sangre.
Desde entonces la figura de Báthory ha inspirado a escritores y artistas. En 1874 Leopold von Sacher‑Masoch publicó “Juventud eterna”, un relato que vinculó los crímenes con la búsqueda de la belleza. La poeta surrealista Valentine Penrose, con “Erzsébet Báthory, la condesa sangrienta” (1962), ordenó documentos y actas bajo una lógica poética, dotando al personaje de una dimensión erótica y sádica. La escritora argentina Alejandra Pizarnik reseñó el libro de Penrose en 1975, organizando su texto en fragmentos titulados, entre ellos “Baños de sangre”. En la literatura anglosajona, Andrei Codrescu (1995) y Rebecca Johns (2010) ofrecieron versiones que alternan la vida de Báthory con narrativas contemporáneas o la presentan en primera persona como una mujer lúcida y violenta.
“Maldita” se inserta en esa tradición, pero con una mirada que busca conectar la obsesión de la condesa por la juventud con la actualidad. Canale escribe que la protagonista “solo la recorría una obsesión: la juventud eterna”, y describe la sangre como “elixir, como medicina blasfema”. La novela, aunque se apoya en la documentación histórica, recurre a la ficción para explorar la psicología de una mujer que, según la leyenda, habría matado a cientos de jóvenes para preservar su piel.
Con la publicación de “Maldita”, la figura de Erzsébet Báthory vuelve a circular como metáfora de la búsqueda incansable de la juventud, tema que sigue resonando en la cultura contemporánea. La obra de Canale se suma a la larga genealogía de reinterpretaciones que van desde la literatura del siglo XIX hasta la televisión y la música, manteniendo viva la controversia que rodea a la mujer que, hace cuatro siglos, pasó de ser una noble húngara a la leyenda de la Condesa Sangrienta.



