Gobierno tendrá que recortar drásticamente para lograr superávit de $4 billones
Los datos fiscales de septiembre obligan a aplicar un control “más que extremo” del gasto y a buscar $4 billones de superávit antes de fin de año. Con un déficit estacional de diciembre que podría requerir $3,9 billones en los últimos dos meses, la administración enfrenta una carrera contra el reloj para cumplir la meta del FMI.
Los números de septiembre indican que el Ministerio de Economía deberá reunir al menos $4 billones de superávit entre lo que resta del mes y noviembre para compensar el rojo del cierre del año. Ese nivel de ajuste se describe como “más que extremo” y plantea dudas sobre la factibilidad de mantener el gasto público sin mayores sacudidas.
Entre enero y septiembre el saldo favorable acumulado fue de $15,1 billones, lo que deja un faltante de $1,1 billones para alcanzar la meta acordada con el Fondo Monetario Internacional de $16,2 billones para 2026. Si el déficit estacional de diciembre del año pasado, de $2,8 billones, se repite, el ajuste necesario subiría al 33 % en términos reales y demandaría un superávit de $3,9 billones entre octubre y noviembre. En el mejor de los casos, cada mes debería generar $1,95 billones de superávit.
El FMI califica a Argentina como “un ejemplo a destacar en un mundo donde la mayoría de los países tiene déficit en las cuentas públicas” y advierte que sería “muy extraño que la abandone” aun sin cumplir el 100 % de la meta. La tercera revisión del acuerdo está en su última etapa; en los próximos días el equipo liderado por la portuguesa Joyce Wong cerrará el Staff Report que enviará al Board, que deberá aprobar la revisión y autorizar un nuevo desembolso de unos US$800 millones. Esa aprobación podría fijar una nueva meta para 2026 por debajo de los $16,2 billones actuales.
El Ministerio de Economía cuenta con el recurso de “pisar pagos”, utilizado en el primer cuatrimestre cuando la deuda flotante pasó de $2 billones a $4 billones. Ese “truco” tiene costos políticos: a inicio del año se suspendieron pagos a médicos del Hospital Garrahan, no se actualizaron salarios universitarios y se retrasaron subsidios al transporte, generando protestas en las calles.
La presión para alcanzar el superávit requerido plantea preguntas difíciles: ¿es viable mantener un control tan estricto sin desencadenar nuevas protestas? ¿qué ocurrirá si el déficit de diciembre supera las previsiones y la meta de $4 billones no se logra? El gobierno deberá responder a esas incógnitas mientras el FMI vigila cada paso.






