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Houssay, 55 años después, Argentina sigue sin ciencia de primera

El Nobel de fisiología que explicó la diabetes falleció hace 55 años, pero su reclamo a la inversión estatal quedó en un eco distante. Hoy la investigación argentina apenas muestra avances frente a la visión del científico de convertir al país en una potencia científica.

Redacción Tiempo REAL · Publicado el 21 de septiembre de 2026 - 04:37hs

Bernardo Houssay murió el 21 de septiembre de 1971, a los 84 años, y todavía se dirigía a su laboratorio todos los días. Fue el primer latinoamericano galardonado con el Premio Nobel de Medicina (1947) por demostrar que la hipófisis influye en la distribución de la glucosa, un hallazgo que abrió una vía fundamental para entender la diabetes.

Sus palabras siguen resonando: “La ciencia no es cara; cara es la ignorancia”. Las pronunciaba cuando le exigían justificar la inversión del Estado en investigación. Aún hoy, la pregunta que plantea es cuántas veces el gobierno ha respondido con fondos concretos y cuántas ha dejado la ciencia en la “ignorancia” que él denunciaba.

Houssay no aceptó cargos en Estados Unidos ni abandonó la Argentina pese a que varios gobiernos le dieron la espalda. En 1943, tras el golpe del Grupo de Oficiales Unidos, fue removido de la dirección del Instituto de Fisiología que él mismo había creado en la UBA. Un año después fundó el Instituto de Biología y Medicina Experimental, donde reunió a un equipo que abordó endocrinología, nutrición, farmacología, hipertensión y, sobre todo, diabetes.

Su decisión de quedarse fue más que un acto de patriotismo; era una apuesta a que la investigación fundamental, aunque no tuviera aplicación inmediata, sería la “fuente que alimenta incesantemente las técnicas aplicadas”. Sin embargo, su relación con el gobierno peronista nunca fue cordial, y la falta de apoyo institucional quedó patente.

A pesar de haber sido el primero en purificar insulina en América Latina, antes de que lo lograran en Europa, el reconocimiento de Houssay no se tradujo en una política de Estado que fomentara la ciencia de forma sostenida. La pregunta que surge es: ¿por qué, a 75 años de su Nobel, la Argentina sigue sin contar con una infraestructura de investigación comparable a la de países desarrollados?

Su trayectoria también muestra cuán precoz fue: ingresó al colegio Nacional Buenos Aires antes de la edad mínima, obtuvo el bachillerato a los 14 años y, tras ser rechazado por la Facultad de Medicina, se graduó de farmacología a los 17 y de medicina a los 23. A los 21 ya dictaba fisiología y, a los 32, dirigía el Instituto de Fisiología de la UBA. La rapidez de su ascenso contrasta con la lentitud del desarrollo científico nacional.

El legado de Houssay plantea una contradicción evidente: un país que celebra a su único Nobel de medicina, pero que sigue destinando recursos escasos a la investigación básica. La frase del científico –“la obra humana debe ser ininterrumpida hasta que la detenga la muerte”– sugiere una carrera que nunca se detuvo; sin embargo, la falta de inversión estatal parece haberla frenado.

En la actualidad, la comunidad científica argentina sigue reclamando mayor financiamiento y políticas de largo plazo. La ausencia de datos concretos sobre presupuestos recientes impide medir si el Estado ha respondido a esa exigencia. Lo que sí queda claro es que la voz de Houssay sigue vigente: la ignorancia cuesta mucho más que la ciencia. La cuestión es si el país está dispuesto a escucharla.

Publicado el 21 de septiembre de 2026 - 04:37hs

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