INDEC lanza cuatro datos que ponen en jaque al gobierno
En apenas 72 horas el instituto oficial publicó cifras de salarios, consumo y pobreza que empeoraron la ya tensa situación económica. El oficialismo intentó minimizar el impacto mientras el presidente se desplazaba a la ONU, pero la estrategia política no logró amortiguar la tormenta.
En una semana de ritmo frenético, el INDEC emitió cuatro informes que tocan los puntos más sensibles de la economía. El martes se dio a conocer el relevamiento de salarios; al día siguiente, los datos de ventas en supermercados, mayoristas y shoppings correspondientes a julio; el jueves, el Estimador Mensual de Actividad Económica del mismo mes; y, en la misma jornada, el registro de pobreza del primer semestre del año. Cada publicación mostró una evolución desfavorable, aunque la agencia no precisó los valores exactos.
La reacción oficial fue inmediata pero escasa. Desde la Casa Rosada se argumentó “cuestiones de coyuntura” y se ensayaron comparaciones estadísticas que, según el texto, “poco cambiaron el cuadro señalado”. La estrategia consistió en restar importancia a los números, sin ofrecer datos que los contrarrestaran. La pregunta que queda abierta es: ¿qué argumentos concretos se presentaron para justificar la falta de impacto de esas cifras en la política económica?
El calendario político del Gobierno no ayudó a cambiar la narrativa. La agenda de la semana combinó dos eventos de distinta magnitud: el viaje de Javier Milei a los Estados Unidos para asistir a la Asamblea General de la ONU y la agenda legislativa en el Congreso. Según la nota, el Ejecutivo ya anticipaba “días de números negativos” y contaba con análisis de consultoras que preveían una suba de la pobreza y una caída del consumo masivo en agosto. Si la administración sabía de antemano la dirección de los indicadores, la contradicción entre esa previsión y la tentativa de “morigerar el efecto” resulta desconcertante.
El discurso de Milei ante la ONU, centrado en la cuestión de Malvinas, buscó reforzar una postura internacional alineada con sus aliados, pero, como señala el texto, dejó “una contradicción, al reclamar una intervención más efectiva del organismo mundial que acababa de descalificar”. En medio de la crisis interna, ¿qué sentido tiene priorizar una agenda diplomática cuando la población enfrenta salarios estancados y una pobreza que se intensifica?
Dentro del propio oficialismo surgieron tensiones que complicaron la gestión del presupuesto. El proyecto de Presupuesto 2027 incluyó un recorte en el rubro de discapacidad que fue calificado como “insensible” por socios de la LLA y generó rechazo interno. La maniobra provocó un “cortocircuito” que obligó a Martín Menem a intervenir y a revertir la medida para lograr el dictamen. Este episodio muestra cómo la falta de consenso dentro del bloque dificulta la capacidad de respuesta ante los datos económicos adversos.
En el Senado, la senadora Patricia Bullrich denunció desconocimiento de la “mesa política” oficial y resaltó el desgaste de la relación con aliados y dialoguistas. Al mismo tiempo, el bloque violeta logró aprobar la reducción de subsidios al consumo de gas en zonas frías y modificó la reforma a la Carta Orgánica del Banco Central, aunque sin alcanzar la mayoría de dos tercios que el Ejecutivo buscaba. La falta de claridad sobre el alcance de estos acuerdos deja abierta la cuestión de si la legislación aprobada realmente mitiga el impacto de los indicadores negativos publicados por el INDEC.
En síntesis, la sucesión de informes del INDEC expone una economía que se aleja de los objetivos de crecimiento y estabilidad que el Gobierno proclama. La respuesta política, centrada en maniobras legislativas y discursos internacionales, parece desconectada de la realidad que reflejan los datos. Queda pendiente que el oficialismo explique con qué argumentos pretende revertir la tendencia negativa y cómo concilia la agenda externa con la urgencia de atender a los bolsillos de los argentinos.



