Milei asegura el mejor año económico en 2028 mientras la economía se hunde
En una rueda de prensa en Nueva York, el presidente Javier Milei prometió que, de ser reelecto, 2028 será “el mejor año económico de la historia de la Argentina”. La declaración llega cuando la actividad cayó 2,9 % en julio, la pobreza subió 4,1 puntos y el riesgo país se mantiene en alza, lo que plantea serias dudas sobre la viabilidad de sus promesas.
Javier Milei volvió a la carga en la ciudad de Nueva York, donde reiteró que su gobierno “despegará” en el primer año de un segundo mandato. “Si nuestro gobierno es reelecto, 2028 será el mejor año económico de la historia de la Argentina”, afirmó ante inversores, añadiendo que el impulso se verá tanto en los indicadores financieros como en la economía real. La frase, sin datos de respaldo, contrasta con una realidad que muestra una caída del 2,9 % del PIB en julio, la mayor contracción desde la pandemia, y una subida de 4,1 puntos en la tasa de pobreza.
Milei se muestra convencido de haber cumplido sus promesas de campaña: desacelerar la inflación, estabilizar el tipo de cambio y recortar el gasto público. Sin embargo, la propia administración reconoce que la “micro” (probablemente la microeconomía) presenta resultados adversos. La falta de cifras concretas sobre la inflación o el tipo de cambio deja la puerta abierta a la pregunta: ¿qué tan reales son esos logros cuando los indicadores de actividad y pobreza empeoran?
El gobierno se encuentra al borde de una recesión técnica, con dos trimestres consecutivos de caída. Las proyecciones oficiales apuntan a un “rebote extraordinario” en agosto y septiembre para compensar el desplome de julio, pero los datos de septiembre mostraron solo una recuperación parcial que no logra revertir la tendencia negativa. El riesgo país, por su parte, sigue subiendo, alimentando la incertidumbre en los mercados y en la población.
En el interior del oficialismo, la tensión se hace visible. Patricia Bullrich, la única figura oficialista que ha sugerido “mover alguna palanca”, se negó a descartar su propia candidatura presidencial y, a la vez, habló de una posible fórmula conjunta con Milei. Según un consultor político, el lobby petrolero respalda a Milei mientras el agropecuario favorece a Bullrich, lo que sugiere que la supuesta alianza podría ser más una maniobra de poder que una solución de política económica.
Los roces internos se intensificaron con la polémica sobre el recorte presupuestario en el área de discapacidad para 2027. Bullrich acusó a Diego Santilli de no estar al tanto de la medida, mientras él respondió que se había marchado minutos antes de que terminara la reunión. El intercambio, que incluyó reclamos de “lavar los trapitos en casa”, revela una falta de coordinación que dificulta la toma de decisiones en temas críticos.
Otro punto de fricción es la ausencia de Karina Milei (hija del presidente) en la visita a la ONU, aunque sí asistirá a la “Argentina Week” en París. La justificación oficial señala la necesidad de “reencaminar la mesa política”, pero la medida refuerza la percepción de un gobierno que delega decisiones estratégicas sin un consenso interno claro.
En el plano legislativo, la reforma electoral avanza con obstáculos. El proyecto original, que buscaba suspender las internas, se ha reducido a una mera suspensión, y la aprobación parece depender del voto de los gobernadores, cada vez más escépticos. El calendario es apretado: la reforma debería aprobarse este año, pero los cierres de lista están programados para el próximo, mientras el Congreso se concentra en el debate presupuestario.
Frente a este panorama, la pregunta que queda sin respuesta es cómo Milei concilia la promesa de un “mejor año económico” con indicadores que indican lo contrario. La falta de datos concretos sobre inflación, tipo de cambio y gasto público, sumada a la creciente discordia interna, pone en tela de juicio la viabilidad de su plan a largo plazo. Los inversores pueden escuchar la visión optimista, pero el electorado sigue sintiendo el peso de la inflación y la pobreza. La brecha entre discurso y realidad parece cada vez más amplia, y la respuesta del oficialismo a esas contradicciones será decisiva para el



