Muerte de una espectadora en Lavalle reaviva dudas sobre seguridad en picadas
Una joven de 18 años perdió la vida tras ser arrollada por un Chevrolet 400 que salió de la pista en un evento de “picadas” en Lavalle. El accidente, que dejó a cuatro personas heridas, vuelve a poner en la lupa la organización y las medidas de protección de estas competencias.
El domingo, alrededor de las 17:05, el circuito de carreras de Lavalle, en el departamento homónimo de Mendoza, fue escenario de una tragedia que aún no tiene respuestas claras. En medio del torneo de “picadas”, dos autos partieron de la línea de salida; minutos después, el Chevrolet 400 conducido por Horacio Ortiz perdió el control, chocó contra la zona de contención y se precipitó sobre las gradas donde se encontraban los espectadores.
Entre los cuatro heridos estaba Morena González, de 18 años, estudiante recién graduada de la escuela Medalla Milagrosa en Junín, Mendoza. Fue trasladada en estado crítico al Hospital Central, donde permaneció en terapia intensiva bajo asistencia respiratoria mecánica. A los dos días de ingreso, la joven falleció. Junto a ella, su hermano resultó con varias lesiones que requirieron siete puntos de sutura; las otras dos personas también sufrieron heridas de diversa gravedad.
Dos ambulancias privadas atendieron el predio y trasladaron a parte de los lesionados al Hospital Sicoli. La familia de la víctima impulsó una cadena de oración en redes sociales mientras intentaban, sin éxito, revertir el desenlace fatal.
El caso quedó bajo la fiscalía de Gisela Lana, quien lo calificó como homicidio culposo. La justicia ordenó una prueba toxicológica al piloto para determinar si había consumido alcohol o alguna sustancia al momento del accidente; el resultado fue negativo. Aún así, la investigación se centra en las condiciones de seguridad del evento y en la habilitación de la competición.
La organización de “Picadas de Lavalle” colocó un listón negro en señal de luto, pero la medida no ha sido suficiente para apaciguar la creciente preocupación de los vecinos y de los asistentes habituales. ¿Qué protocolos de seguridad se aplican realmente en estas carreras? ¿Cómo se autoriza la participación de vehículos que, según testigos, pueden presentar fallas de manejo o mecánicas? La falta de información clara sobre la inspección de los autos y la capacidad de la zona de contención para absorber impactos plantea serias dudas.
El accidente también reabre el debate sobre la presencia de espectadores en áreas sin barreras físicas robustas. En otras provincias, se han registrado incidentes similares, aunque la cobertura mediática suele limitarse a la tragedia puntual. La ausencia de datos oficiales sobre la normativa específica que rige las “picadas” en Mendoza dificulta evaluar si la normativa vigente es suficiente o si se requiere una revisión profunda.
Mientras la fiscalía avanza con la causa penal, la comunidad de Lavalle y los organizadores de eventos automovilísticos enfrentan una presión creciente para garantizar que la seguridad no sea un accesorio, sino una condición indispensable. La muerte de Morena González, una joven que acababa de cerrar una etapa escolar, subraya la urgencia de respuestas concretas: ¿Se revisarán los requisitos de homologación de los vehículos? ¿Se reforzarán los sistemas de contención y la distancia entre la pista y las gradas? Hasta que la investigación concluya, la incertidumbre sigue alimentando la indignación de una población que exige claridad y, sobre todo, prevención.



