Pity Álvarez sufre crisis nerviosa al intentar conectarse al juicio por Zoom
El cantante, internado por una emergencia hipertensiva, se descontroló cuando su defensa pidió que siguiera el proceso a distancia. La intervención de una guardia psiquiátrica y la supuesta fuga del Hospital Tornú dejaron dudas sobre la viabilidad de la medida y la coordinación entre justicia y salud.
El lunes, a la hora del almuerzo, la defensa de “Pity” Álvarez solicitó al Tribunal Oral en lo Criminal y Correccional N° 29 que el músico pudiera participar del debate que lo juzga por el crimen de Cristian Maximiliano Díaz mediante una conexión remota. El presidente del tribunal, Gustavo Goerner, autorizó la medida con un oficio calificado de “muy urgente”, que instruía al director del Hospital Tornú a habilitar la sala donde Álvarez permanecía internado o, en su defecto, trasladarlo a un espacio que garantizara la comunicación.
Hasta ese momento, los informes médicos del centro describían al cantante como “clínicamente estable”, orientado y colaborador, sin signos de psicosis ni ideación suicida. La última evaluación de salud mental, incorporada al expediente ese mismo lunes, confirmaba esa estabilidad. Sin embargo, minutos antes de iniciar la conexión, Álvarez sufrió una crisis nerviosa que lo dejó descalzo, gritando y requiriendo la intervención de al menos cinco personas, entre médicos y personal de seguridad, para contenerlo. Una guardia psiquiátrica fue llamada y, según el secretario del tribunal, Ezequiel Bauman, un oficial policial constató la situación.
Las causas del episodio no quedaron claras. Algunas fuentes mencionaron la posibilidad de un cuadro de abstinencia, aunque no se confirmó. Lo que sí se sabe es que el músico había ingresado al Tornú la madrugada del miércoles 23 de septiembre, a la 1:30 a.m., tras una emergencia hipertensiva. El informe de historia clínica indica que llegó en ambulancia del SAME, acompañado por efectivos policiales, con deterioro del sensorio y antecedentes de consumo de cocaína y de dos ampollas de morfina. El análisis toxicológico resultó positivo para cocaína, anfetaminas, éxtasis y opioides. Desde entonces, su estado se había estabilizado bajo monitoreo multiparamétrico y medicación intravenosa.
El intento de conexión remota desencadenó una reacción inesperada. El abogado Sebastián Queijeiro relató que, en medio de la crisis, Álvarez intentó abandonar el hospital. Según su versión, una mujer policía y tres guardias de seguridad privada lo persiguieron, pero el cantante logró llegar a una esquina del edificio antes de ser detenido. Un video que circuló muestra al músico fuera del recinto, vestido y con una mochila. Las fuentes sanitarias confirmaron la crisis y la intervención del personal, pero no pudieron verificar los detalles de la supuesta fuga ni del regreso del cantante al interior del hospital.
Esta sucesión de hechos plantea varias preguntas. Primero, la contradicción entre el informe de “estabilidad clínica” y la necesidad de una guardia psiquiátrica sugiere que la evaluación previa no captó la vulnerabilidad del paciente ante la presión de participar en el proceso judicial. Segundo, la decisión del tribunal de autorizar la conexión remota, pese a la reciente hospitalización y al consumo de sustancias psicoactivas detectado en el toxicológico, parece haber subestimado el riesgo para el propio acusado y para terceros. Por último, la falta de claridad sobre el desencadenante exacto de la crisis –abstinencia, estrés del juicio, o alguna otra variable no documentada– deja un vacío que la justicia y el sistema de salud deberán llenar antes de volver a intentar la medida.
En el expediente, el informe del 24 de septiembre elaborado por la Clínica Dharma, a pedido de SADAIC, describía a Álvarez con “tendencia al sueño”, desorientación temporal y espacial, escasa conciencia de enfermedad y deterioro de funciones psíquicas superiores. Aun así, el documento no concluyó que el cantante estuviera imposibilitado de afrontar el juicio, sino que recomendaba continuar con tratamientos y una nueva evaluación de salud mental antes de definir cualquier dispositivo terapéutico.
Con la audiencia reprogramada para el miércoles, la defensa vuelve a plantear la necesidad de una participación remota. La pregunta que queda en el aire es si el sistema judicial está preparado para coordinarse con los protocolos médicos cuando el acusado presenta un cuadro tan inestable. La respuesta, por ahora, sigue sin estar clara.



