Super Niño 2026 trae lluvias históricas y calor extremo
El Gobierno avisó que el fenómeno “extremadamente fuerte” se mantendrá hasta febrero de 2027, con riesgo de inundaciones, tormentas severas y olas de calor. La OMM lo califica como el más potente registrado, mientras que expertos agrícolas advierten sobre posibles estragos en la campaña 2026/27. ¿Están listas las autoridades para enfrentar una situación sin precedentes?
Desde principios de agosto el “Súper Niño” se extiende por la Argentina y el resto del planeta, y los pronósticos indican que su influencia se prolongará al menos hasta febrero del próximo año. Según la Agencia Federal de Emergencias, el escenario incluye lluvias abundantes, tormentas severas y olas de calor que podrían afectar a la población y a la actividad productiva en todo el territorio.
Frente a esa amenaza, el Ejecutivo emitió una serie de protocolos que, en teoría, deberían reducir los daños. Entre las recomendaciones está la limpieza frecuente de desagües y sumideros, la revisión de techos y canaletas, y la retirada de objetos que el viento pueda arrastrar. Además, se insta a consultar el pronóstico local y a guardar los números de contacto de Defensa Civil, Bomberos y Policía. En caso de inundación, la normativa prohíbe circular por calles anegadas y obliga a cortar la corriente eléctrica para evitar accidentes, así como a mantenerse alejado de postes y cables eléctricos.
Sin embargo, la información oficial no detalla cómo se financiarán esas medidas ni quién supervisará su cumplimiento. La ausencia de un plan de recursos concreto genera dudas sobre la efectividad real de los protocolos, sobre todo en zonas rurales donde la infraestructura es más precaria.
En el sector agropecuario, el riesgo se vuelve aún más crítico. Un informe de Aprilis Soluciones Meteorológicas, elaborado para la Unión Agrícola de Avellaneda, señala que la probabilidad de que el fenómeno alcance una intensidad sin precedentes desde 1950 subió del 69 % al 75 % entre octubre y diciembre. El mismo estudio indica un aumento de seis puntos porcentuales en la posibilidad de que el episodio sea “excepcional”. La combinación de mayor precipitación y tormentas intensas plantea amenazas de anegamientos, problemas sanitarios y logísticos para la campaña gruesa.
Ante este panorama, la Secretaría de Agricultura recomendó a los productores reducir la carga animal por unidad de superficie, reservar áreas altas y bien drenadas, y disponer de espacios de emergencia para trasladar rápidamente al ganado. No obstante, la medida se queda en la esfera de la recomendación: no se menciona si existen subsidios, asistencia técnica o seguros que ayuden a los agricultores a aplicar esas acciones.
A nivel internacional, la Organización Meteorológica Mundial (OMM) confirmó que el actual episodio de El Niño será el más fuerte registrado desde que comenzó su monitoreo hace cuatro décadas. La agencia indica que el fenómeno alcanzará su punto máximo a finales de este año y que la probabilidad de que se mantenga hasta febrero de 2027 es “extraordinariamente alta, cercana al 100 %”. La secretaria general de la OMM, Celeste Saulo, advirtió que, aunque el evento no es causado directamente por el cambio climático, sí se espera que intensifique temperaturas y fenómenos extremos.
Esa afirmación genera una contradicción latente: la OMM descarta una relación causal con el calentamiento global, pero reconoce que El Niño agravará los extremos climáticos. La falta de claridad sobre el papel del cambio climático complica la planificación de políticas de adaptación a largo plazo.
Quedan varias preguntas sin respuesta. ¿Qué recursos concretos destinará el Estado para reforzar la infraestructura urbana y rural antes de que lleguen las primeras lluvias intensas? ¿Cómo se garantizará que los pequeños productores, que carecen de capacidad financiera, puedan seguir las recomendaciones de reducción de carga animal? ¿Existe coordinación entre los distintos niveles de gobierno y los organismos de emergencia para evitar una respuesta fragmentada?
Mientras la temporada de primavera avanza y los pronósticos siguen señalando riesgos crecientes, la presión sobre las autoridades aumenta. La efectividad de los protocolos dependerá no solo de su difusión, sino de la capacidad real de ejecutarlos en un contexto de recursos limitados y una amenaza climática que, según los datos oficiales, podría ser sin precedentes en la historia reciente del país.



