Antonio Grimau, 82, confesó que el teatro le salvó la vida
El actor falleció a los 82 años. Meses después de una entrevista en la que hablaba del premio Shakespeare que acababa de recibir y de la obra que estaba preparando, recordó el anuncio de Clarín que lo introdujo al teatro y lo mantuvo a flote.
Antonio Grimau murió a los 82 años. En abril de 2026, mientras todavía ensayaba una nueva obra con Betiana Blum y acababa de recibir el premio Shakespeare de la Fundación Romeo, otorgado en la Embajada Británica por su aporte al teatro, al cine y las artes, abrió las puertas de su casa a Clarín. En esa entrevista se preparaba para estrenar “El diario de Adán y Eva”, de Mark Twain, bajo la dirección de Juan Pablo Ragonese.
El actor recordó a su hijo Lucas, fallecido en 2010 a los 36 años, y afirmó: “Es cierto. De todos modos, como bien decís, son dolores irreparables, marcas tremendas que te deja la vida”. Sobre la pérdida, añadió: “No hay manera de compensarlo, me acompañará, como me acompaña, hasta la muerte”. Comentó también que había hecho terapia durante seis años, iniciada antes de la muerte de Lucas por recomendación de Juan Carlos Gené, y citó a su terapeuta: “Antonio, es un hueco que no lo puede llenar ningún otro afecto, va a quedar vacío de por vida”. Grimau sostuvo que la terapia consistió en seguir actuando y en el afecto de la gente: “Creo que la terapia fue seguir actuando y el afecto de la gente”.
Al evocar su ingreso al mundo teatral a los 16 años, explicó que un aviso publicado en Clarín convocaba actores para una obra de Bertolt Brecht, lo que lo llevó al Teatro Charles Chaplin, en Almagro, donde permaneció cuatro años. Declaró: “Antes del aviso era un pibe que no tenía objetivos, había decidido no seguir estudiando después del secundario, que tampoco terminé, y estaba sin horizontes”. Entre los 12 y 13 años, en un período de siete meses, murieron sus padres y su hermana mayor, Erlinda. Sobre su nombre, reveló que su nombre real era Antonio Rebolini y que el apellido artístico Grimau surgió durante sus primeros años en el teatro: “¡Soy Rebolini! Y a mucha honra. Rebolini con b larga y l”.
Grimau cerró la entrevista diciendo que el teatro siempre lo rescata de “las cosas tan lastimeras que a veces tiene la vida”.
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