Corte Suprema exige protocolo único para la salud de internos
La Corte Suprema de Justicia de la Nación encargó al Cuerpo Médico Forense la elaboración de un protocolo científico que unifique los criterios sobre el estado de salud de los presos y sus posibilidades de tratamiento en los establecimientos penitenciarios. La medida busca eliminar la diferencia de trato que ha existido entre los detenidos por delitos comunes y los acusados de crímenes de lesa humanidad.
La máxima autoridad judicial del país ordenó al Cuerpo Médico Forense diseñar un protocolo que sistematice los criterios médicos aplicables a los internos y defina las opciones de tratamiento dentro de los institutos carcelarios. Con esa decisión, la Corte pretende poner fin al contraste que la justicia federal ha mostrado al tratar a los detenidos por delitos comunes frente a los acusados de crímenes de lesa humanidad.
Desde la reapertura de los juicios por crímenes de lesa humanidad en 2004, a los acusados se les aplicó un régimen diferenciado que, según la Corte, “no respetó los límites legales para el mantenimiento de las prisiones preventivas”, eliminó prácticamente las eximiciones de prisión y las excarcelaciones, y negó internaciones, detenciones domiciliarias, salidas transitorias y libertades condicionales.
La práctica de abrir nuevas causas que, al cumplirse total o parcialmente las penas, impiden a los condenados acceder a los beneficios progresivos de su condición o a la libertad, continúa vigente porque “otros jueces disponen nuevas órdenes de detención”. En contraste, la justicia federal permite detenciones domiciliarias a dirigentes políticos condenados por corrupción aun sin cumplir los 70 años de edad, y a exmagistrados condenados por corrupción “pasar los fines de semana en su casa”.
Agentes civiles de inteligencia, suboficiales baqueanos, exsubtenientes y tenientes del Ejército, un sacerdote y miembros de bajo rango del servicio penitenciario y de las policías, acusados de delitos de lesa humanidad, han soportado “larguísimos períodos de prisión” sin traslado rápido a un establecimiento de salud en casos de urgencia. Entre los detenidos de lesa humanidad se registra un deterioro gravísimo de salud o muertes por derrames cerebrales o infartos en los institutos donde estaban alojados, incluidos casos de militares.
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