Madre busca a su hijo desaparecido en Ucrania tras misión mortal
De los 70 argentinos que fueron a combatir del lado de Ucrania, 13 aparecen como fallecidos o desaparecidos. La familia de Leonel Mansilla, expolicía que llegó al frente en agosto, sigue sin saber qué ocurrió tras su último mensaje el 27 de noviembre de 2025.
La investigación de LA NACION identificó a setenta argentinos que cruzaron a Ucrania para luchar contra Rusia. De ellos, cincuenta y siete siguen con vida, mientras que trece están registrados como muertos o desaparecidos. Entre los reclutas había militares retirados, ex policías y civiles sin experiencia previa.
Leonel Mansilla, de 26 años, ingresó a la Policía a los 19 y trabajaba en Tigre. Decidió viajar a Ucrania tras apenas quince días de reflexión, pagando el pasaje con sus ahorros y transitando por Estambul antes de arribar el 2 de agosto. Se incorporó al grupo “Avance”, formado mayormente por brasileños y también por argentinos. La convocatoria que lo atrajo ofrecía 125 000 grivnas mensuales (cerca de 2 786 dólares) bajo el lema “Defiende la libertad. Conviértete en un héroe”, y exigía ser mayor de edad, tener pasaporte vigente y no poseer antecedentes penales. El proceso de inscripción se gestionaba por WhatsApp.
Los últimos contactos de Leonel con su madre, Julieta Santa Cruz, fueron una videollamada el 22 de noviembre, día del cumpleaños de Julieta, y un mensaje el 26 de noviembre en el que describía una posible emboscada. El 27 de noviembre envió su último mensaje, anunciando que cambiarían el chip de su teléfono y que usarían una palabra clave para reconocerse. Al día siguiente fue reportado como desaparecido durante una operación que inicialmente se describió como una misión para recuperar el cuerpo de su compañero brasileño Elton, fallecido tres días antes, y luego como un asalto a una trinchera. Un telegrama confirmó que se desconocía su paradero.
La propaganda de reclutamiento fue difundida por Enrique Fabián Castro, cordobés de 47 años, dado de baja del Ejército en 2005 y con experiencia en logística de autopartes. Castro, que lleva más de tres años en Ucrania, asegura entrenar y equipar a cada recluta por unos 15 000 dólares y menciona una fundación que facilita algunos pasajes de ida, sin garantizar el regreso. Julieta se reunió con él en Buenos Aires entre abril y mayo, llevando una bandera y una foto enmarcada de su hijo; después de ese encuentro, Castro dejó de responderle.
Quedan muchas incógnitas: ¿quién controla la seguridad de los reclutas argentinos en el frente? ¿Qué responsabilidad tiene el Estado argentino frente a ciudadanos que, sin autorización oficial, se alistan en conflictos extranjeros? La falta de información oficial y la ausencia de respuestas de los organizadores dejan a las familias en la incertidumbre total.
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