Milei admite que la economía no crece como esperaba
El presidente volvió a lanzar insultos contra líderes extranjeros y bloqueó a antiguos allegados, mientras reconoce que su modelo económico no está rindiendo. Los últimos indicadores del INDEC y los pronósticos internacionales pintan un panorama cada vez más sombrío.
Javier Milei no escatimó en agresiones verbales: llamó “ladrón” a Lula da Silva, pidió “sacar a patadas del poder” a Pedro Sánchez y, a un periodista español, le dijo que “no respetaba su cerebro”. A una cronista argentina la acusó de “trabajar para corruptos y extorsionadores”. Al volver a Buenos Aires, afirmó que “a las malas personas hay que quemarlas en la hoguera”.
En medio de esa retórica, el mandatario concedió su primera duda pública sobre su programa: “la economía no crece todo lo positivamente que él esperaba”. Esa confesión contrasta con la declaración de abril del ministro Luis Caputo, quien había asegurado que “Argentina tendría el mayor despegue en varias décadas”.
Los datos del INDEC confirman la contradicción. La inflación mostró un “notorio descenso del 211 %” respecto a la gestión anterior, pero la actividad económica en agosto apenas subió 0,1 % mensual, muy por debajo de la expectativa de cerca del 1 %. La contracción interanual fue del 1,7 %, marcando dos trimestres consecutivos a la baja y entrando técnicamente en recesión. En los primeros ocho meses de 2026, la actividad podría avanzar solo un 1,2 % frente al 5,3 % del año anterior. El FMI y el Banco Mundial ajustaron sus proyecciones a “apenas por encima del 1 %” para 2026.
En el gabinete, la tensión se hizo visible: Milei silenció a Patricia Bullrich y bloqueó en WhatsApp a viejos amigos y ex‑funcionarios que intentaron felicitarlo por su cumpleaños número 56. Un integrante del Gabinete comentó que “a medida que los pronósticos no se cumplen, su comportamiento se agrava y es difícil marcarle un matiz con lo que piensa”. El riesgo país subió un 16 % en octubre, alcanzando los 707 puntos básicos, y el economista Ricardo Arriazu advirtió que están “comprando divisas cuando no subió la demanda de pesos”, lo que, según él, “destruye crédito interno”.
Todas estas señales plantean una incógnita: ¿hasta dónde podrá Milei sostener un discurso beligerante cuando los indicadores económicos y la confianza de su propio entorno parecen erosionarse?
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