Milei apuesta a eliminar las PASO con solo 72 días de margen
Con el calendario electoral apretado, el oficialismo evalúa “suspender” las primarias mientras la Cámara Nacional Electoral advierte que cualquier cambio debe estar listo antes de 2027. La discusión interna revela grietas entre aliados provinciales y el gabinete, y deja en el aire si la estrategia será suficiente para asegurar la reelección.
Una fuente con acceso al despacho presidencial admitió a Infobae que “se complica la reelección” ante la posibilidad de que el oficialismo no logre eliminar las PASO. El escenario, aunque descartado por la mayoría, obliga a los dirigentes a explorar alternativas para desarticular las primarias antes de que se cumplan los 72 días que restan del período ordinario del Congreso.
La Cámara Nacional Electoral (CNE) recordó que cualquier reforma electoral debe estar implementada antes de los comicios de 2027, lo que limita la opción de convocar sesiones extraordinarias para aprobar cambios de último momento. En la práctica, la Casa Rosada está trabajando intensamente para que la reforma, que facilitaría los planes de La Libertad Avanza, sea aprobada sin la necesidad de una PASO obligatoria.
Dentro del oficialismo, la discusión se vuelve más tensa. Según la fuente, tanto el jefe de Gabinete, Diego Santilli, como el armador nacional Eduardo “Lule” Menem, habrían rechazado la sugerencia de varios gobernadores aliados de suspender las PASO en febrero. Un integrante de la mesa política, sin nombrar cargos, precisó que “la eliminación o suspensión es condición fundamental de la reforma”, y que la supresión de los espacios gratuitos de publicidad electoral en medios audiovisuales también forma parte del paquete.
En la comisión de Asuntos Constitucionales del Senado, la primera aproximación de apoyos mostró que “no sé cómo lo vamos a destrabar, pero estamos en eso”, según un funcionario que prefirió mantenerse anónimo. Mientras tanto, el Ejecutivo mantiene conversaciones con el radicalismo, el PRO y gobernadores del Norte, que fueron los que más reparos mostraron.
Entre las opciones que se barajan están la inhabilitación temporal de la PASO, como se hizo en 2025, o la supresión total de su obligatoriedad. Una fuente del entorno libertario cuestionó la legitimidad de un candidato peronista si la PASO desapareciera: “Si no son obligatorias, ¿cuánta gente va a ir a votar? ¿Con cuánta legitimidad saldrá el candidato del peronismo?”.
El círculo cercano a Milei también advirtió sobre la complejidad de implementar la Boleta Única de Papel (BUP) en las primarias. “Mandamos el proyecto de eliminación, porque es más económica y operativa, pero si no quieren, se puede pensar una PAS con reglas del juego claras”, señaló un integrante del reducido equipo designado por el presidente. La misma voz reconoció que, sin la PASO, el peronismo quedaría “en una posición de ultra rigidez”, pero también que la herramienta serviría como una especie de encuesta que permitiría al oficialismo “mostrar las cartas”.
El apoyo de los mandatarios provinciales no está garantizado. Leandro Zdero, gobernador de Chaco, se muestra dispuesto a respaldar la iniciativa, mientras que Alfredo Cornejo, de Mendoza, exige garantías previas. En el espacio violeta, la discusión se reduce al dilema del huevo y la gallina: “Nadie va a abandonar una herramienta clave. No hay proyecto si no hay acuerdo político confiable y estable”, comentó una fuente legislativa.
El termómetro electoral parece ser la figura de Milei mismo. Si el presidente logra consolidar una base de apoyo que garantice su reelección, los gobernadores podrían acompañar la reforma; de lo contrario, el Ejecutivo tendría que replantearse la estrategia. En los últimos días, Santilli activó negociaciones combinadas sobre el Presupuesto 2027 y la reforma, que también incluye debates sobre el financiamiento de partidos y la “Ficha Limpia”. La polémica por el recorte en la ley de discapacidad, incluido en la “ley de leyes”, complicó aún más el panorama.
La senadora Patricia Bullrich, visiblemente irritada, advirtió: “No me tomen de tonta”. Bullrich cuestionó la ausencia de información sobre el proyecto en la mesa política y señaló que el reciente ajuste en discapacidad “fue un desacierto innecesario”. Su postura, que a menudo contrasta con la del Ejecutivo, podría influir en la alineación de los opositores y en la posible competencia interna si las PASO se mantienen.
En síntesis, el oficialismo se encuentra en una carrera contra el tiempo y contra sus propias contradicciones. La eliminación de las PASO, la reforma electoral y la necesidad de mantener la unidad provincial son piezas de un rompecabezas que aún no tiene todas sus piezas. La pregunta que queda en el aire es si la presión de los 72 días será suficiente para cerrar el acuerdo y, de ser así, bajo qué condiciones se decidirá el futuro del sistema electoral argentino.



