Mujer de 62 y su nieto de 2 mueren enacen en pozo séptico
Una caída en un pozo séptico abierto en la urbanización Buenos Vecinos dejó sin vida a Miriam Videla y a su nieto Borja. El accidente, ocurrido cerca de las 20 hs, reaviva la discusión sobre la seguridad de los sistemas sépticos en barrios cerrados.
En la noche del miércoles, una tragedia sacudió el barrio privado Buenos Vecinos, en la zona de Rodeo de la Cruz, Guaymallén. Miriam Isabel Videla, de 62 años, y su nieto de dos años, Borja Lionel Berardi Panini, cayeron en un pozo séptico que estaba abierto en la parte exterior de la vivienda.
Según la reconstrucción de Los Andes, la familia se encontraba en la casa alrededor de las 20 hs. Una joven que estaba cocinando notó la ausencia de su abuela y su hermanito. Al buscarles, la madre salió al patio y encontró los pies de la víctima sobresaliendo de un pozo ciego. El pozo, de 60 × 60 cm y una profundidad de un metro, estaba a unos cinco metros del patio. Cuando los vecinos intentaron rescatar a la mujer, vieron que su cabeza estaba completamente sumergida y que el menor estaba bajo ella.
Los gritos alertaron a los vecinos, que llamaron al 911. El Servicio de Emergencias Coordinado (SEC) constató la muerte de la mujer en el sitio. El niño, aunque vivo, estaba desvanecido y fue trasladado de urgencia al Hospital pediátrico Humberto Notti, a unos diez kilómetros de distancia. A pesar de la atención médica, el infante falleció a las 21 hs 18 min.
Las víctimas fueron identificadas oficialmente como Miriam Isabel Videla y Borja Lionel Berardi Panini. La investigación quedó a cargo de la Oficina Fiscal N.º 1, bajo la fiscal Marisol Parra, y la Policía Científica trabaja para esclarecer cómo ocurrió la caída y quién es responsable del pozo abierto.
El hecho plantea varias interrogantes que aún no tienen respuesta. Primero, ¿por qué el pozo séptico permanecía abierto y sin señalizar en una urbanización cerrada? La normativa municipal exige que los accesos a este tipo de instalaciones estén debidamente cubiertos o señalizados para evitar accidentes, pero la información disponible no indica si la obra estaba en proceso de reparación o si había alguna orden de cierre pendiente. Segundo, ¿quién tiene la responsabilidad de mantener seguros los sistemas sépticos en los predios de la zona? No se ha mencionado si el propietario del lote, la administración de la urbanización o la municipalidad fueron notificados previamente de la condición del pozo.
Otro punto que queda en el aire es la falta de datos sobre la inspección previa del pozo. La fiscalía no ha divulgado si existen antecedentes de denuncias o reportes de peligro en ese mismo lugar. Tampoco se ha aclarado si hubo alguna medida preventiva después de que la familia se mudó a la casa, ni si los vecinos habían notado el pozo antes del accidente.
El caso también abre la discusión sobre la rapidez y la efectividad de la respuesta de emergencias. El niño fue trasladado a un hospital a diez kilómetros de distancia; sin embargo, la muerte ocurrió una hora después de la caída. Si bien la distancia no parece excesiva, la ausencia de una atención inmediata en el sitio pudo haber influido en el desenlace.
Hasta el momento, la fiscalía no ha señalado a ningún responsable y la investigación sigue en curso. La comunidad de Buenos Vecinos, que se define como una urbanización cerrada, exige respuestas y medidas que eviten que una tragedia similar se repita. Mientras tanto, la familia de Videla y Berardi queda sin respuestas claras sobre cómo un pozo abierto pudo convertirse en una trampa mortal en el patio de su propia casa.



