Rescatan al escalador herido tras diez horas de operación en Fitz Roy
Una caída en la zona técnica del cerro Fitz Roy desencadenó un rescate que duró más de diez horas. El hombre, que inicialmente dijo poder descender solo, terminó con una fractura de muñeca, golpes en la cabeza y dolor cervical. El operativo, liderado por la Comisión de Auxilio de El Chaltén (CAX) y guardaparques, dejó varias preguntas sin respuesta.
El martes por la mañana, dos montañistas que transitaban por la Brecha de los Italianos avisaron a las autoridades de una caída en el sector de alta montaña del Fitz Roy. El herido, identificado como Guillermo Navarro, aseguró en un primer contacto que podía descender por sus propios medios y solo pidió que se notificara a su hermano, residente en El Chaltén. La información inicial, sin embargo, resultó incompleta: más tarde se constató que el escalador presentaba golpes en la cabeza, dolor cervical y una fractura de muñeca, lesiones que no había mencionado.
Ante la complejidad del terreno, la Comisión de Auxilio de El Chaltén (CAX) activó de forma preventiva una respuesta de rescate. A las 11:13, el hermano de Navarro, acompañado de un amigo, inició el ascenso desde el sector de El Pilar, equipados con material de emergencia provisto por la CAX. Mientras tanto, el Parque Nacional Los Glaciares mantuvo un seguimiento constante mediante radiocomunicaciones, pero la cronología exacta de esas comunicaciones no quedó clara en el informe oficial.
A las 13:20, el grupo solicitó apoyo logístico para aligerar el peso que transportaban. La respuesta fue inmediata: una cuadrilla de cuatro rescatistas —tres voluntarios de la CAX y un brigadista de Parques Nacionales— se desplazó al lugar. Al encontrarse con los montañistas, los rescatistas aplicaron los primeros auxilios, inmovilizando la muñeca con un cabestrillo y colocando un collarín cervical. La decisión de descender al herido con ayuda, en lugar de permitirle continuar solo, plantea dudas sobre la evaluación inicial de sus capacidades y la rapidez con que se revisó su estado.
El descenso asistido culminó en el punto de encuentro donde esperaba una ambulancia. Desde allí, Navarro fue trasladado al Puesto Sanitario de El Chaltén para recibir atención médica. El operativo se dio por concluido cerca de las 19:30, más de diez horas después de la primera alerta. La duración del rescate, pese a la presencia de voluntarios y la coordinación de guardaparques, sugiere posibles retrasos en la logística de evacuación o en la disponibilidad de recursos en una zona tan remota.
El relato oficial omite varios datos que serían relevantes para entender la magnitud del operativo: no se especifica la altitud exacta del accidente, las condiciones meteorológicas del día, ni el tiempo que tomó la evacuación médica desde el punto de encuentro hasta el puesto sanitario. Tampoco se indica si se contó con helicópteros o si la evacuación se realizó exclusivamente por vía terrestre, lo que afecta la valoración de la eficiencia del rescate.
Otro punto que queda en el aire es la actuación de la CAX. La comisión, compuesta mayormente por voluntarios, asumió un rol central en el rescate, pero la información pública no aclara cuál es su protocolo de intervención ni cómo se coordinó con los guardaparques y los servicios de salud. La ausencia de un desglose de responsabilidades podría dificultar la rendición de cuentas en caso de que se identifiquen fallas.
Finalmente, la experiencia de Navarro plantea una cuestión de seguridad para los escaladores que transitan por la zona técnica del Fitz Roy: ¿están los protocolos de comunicación y auto‑evaluación suficientemente robustos para evitar que un herido subestime su condición? La falta de claridad sobre los criterios que llevaron a cambiar la valoración inicial del herido sugiere que el proceso de diagnóstico en el terreno necesita reforzarse.
En síntesis, el rescate de Guillermo Navarro muestra la capacidad de respuesta de la CAX y de los guardaparques, pero también evidencia lagunas informativas que dificultan evaluar la efectividad del operativo. Sin datos precisos sobre el entorno, la logística y los protocolos, queda pendiente una revisión que permita mejorar la gestión de emergencias en uno de los escenarios más exigentes de la Patagonia.



