Villa Margarita celebra 150 años sin venderse
En la esquina de 57 y 60, frente a la plaza Dardo Rocha, la casa conocida como Villa Margarita cumple este año 150 años. La vivienda, erigida en 1876 por Augusto Pieres para su esposa Margarita Vázquez, sigue en manos de la sexta generación de la misma familia.
Frente a la plaza central de Necochea, dos araucarias sobrepasan el techo de una casa que precede a la mayoría de los edificios del caserío. Villa Margarita, como la llaman sus habitantes, fue levantada en 1876, cinco años antes de que la ciudad recibiera su acta de fundación en 1881. El proyecto original correspondió al productor rural Augusto Pieres, que buscaba un refugio veraniego para su familia, entonces radicada en Buenos Aires. La casa recibió el nombre de su esposa, Margarita Vázquez de Pieres.
La construcción inicial era una vivienda criolla de galerías y techo de chapa. En 1914 se realizó una reforma que le dio la silueta actual de “villa italiana”. El arquitecto Plana intervino con materiales importados: pisos de pinotea de Inglaterra y cielorrasos de chapa labrada traídos de Francia. Las paredes, de casi sesenta centímetros de espesor y parcialmente asentadas en barro, fueron señaladas por los actuales propietarios como la razón de su resistencia a lo largo de los años. La planta principal cuenta con 250 metros cuadrados; bajo ella se extiende un sótano de dimensiones similares que, en su momento, funcionó como una segunda vivienda con cocina, carbonera, depósitos y dormitorios. Con el tiempo, la vida familiar se trasladó a la planta alta y el subsuelo quedó clausurado, alimentando leyendas sobre conexiones subterráneas y reuniones políticas de la época fundacional.
Desde su fundación, la propiedad ha pasado siempre de mujer en mujer, siguiendo la línea de descendientes de Augusto y Margarita. La sexta generación habita la casa hoy, manteniendo la tradición familiar de no venderla. Cada generación adaptó la vivienda a las nuevas tecnologías: luz eléctrica, cañerías y, antes, el suministro de agua provenía de un molino y un aljibe.
En el entorno, a pocos metros, se conserva el antiguo almacén “El Sol”, cuyo frontón exhibe un sol que la comunidad asoció a la logia masónica local, Sol Argentino. Ese lote también perteneció a Margarita Pieres. El jardín de la casa abarca 1 400 metros cuadrados y alberga araucarias, palos borrachos, magnolias y palmeras que superan el siglo, plantados por antepasados que nunca llegaron a verlos en su plenitud.
Necochea ha perdido gran parte de su patrimonio histórico: el Palacio Municipal, los hoteles España y Vasconia, la confitería La Armonía y numerosas casas de la Belle Époque fueron demolidos y sustituidos por edificios nuevos. En contraste, Villa Margarita sigue en pie, no solo por su solidez estructural, sino por la decisión de una familia que nunca quiso desprenderse de ella. La casa se ha convertido en un símbolo de continuidad en una ciudad donde la demolición ha sido la norma.
“Margarita es un legado que permite disfrutarla con la responsabilidad de mantenerla”, afirman los actuales residentes. La sensación que describen al entrar es de enigma, un eco de historias que perduran bajo los techos de chapa y los muros gruesos, testigos de 150 años de vida familiar y de la historia de Necochea.



