Alfonsín promete nombrar una calle a Amaya en su funeral
Durante el entierro del defensor detenido, el expresidente lanzó la promesa de inmortalizar su nombre en la provincia. La muerte de Mario Abel Amaya, ocurrida en la cárcel de Villa Devoto en 1976, reavivó polémicas entre el sector político y la prensa del sur bonaerense.
Al llegar al féretro de Mario Abel Amaya, Raúl Alfonsín se dirigió a los presentes y, con la mirada fija en la multitud de policías de uniforme y civil, declaró: “Algún día una calle o un barrio de esta provincia llevará su nombre”. La frase quedó resonando a escasos metros del ataúd.
Según informó el Servicio Penitenciario, Amaya falleció en el hospital de la cárcel porteña de Villa Devoto el 19 de octubre de 1976 a las 22:20. Las autoridades describieron la causa como una afección cardíaca agravada por su cuadro de asma, sin mencionar posibles torturas.
El propio Alfonsín rindió homenaje al difunto con palabras cargadas de afecto: “Venimos a despedir a un amigo sencillo, que no sabía de vanidades; no sabía de jactancias. Un amigo valiente que no sabía de cobardías. Un amigo altruista que no conocía el egoísmo”.
El principal diario del sur bonaerense reaccionó con dureza, calificando la muestra de luto como “Que a Amaya lo llore el marxismo” y acusando al exdiputado de “aliarse con los delincuentes y asesinos”. El mismo medio concluyó que “a nosotros, su muerte, las protestas radicales, las lágrimas comunistas y demás actitudes por el estilo no nos merecen el menor respeto”.
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