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Chile apoyó a Reino Unido en Malvinas: documentos revelan la verdad

Un libro de investigación chileno muestra que la supuesta neutralidad de Chile durante la guerra de 1982 fue una fachada. Pistas de aterrizaje, radar y un buque entregado a los británicos fueron parte de un pacto secreto que aún genera dudas sobre la magnitud de la colaboración.

Redacción Tiempo REAL · Publicado el 13 de septiembre de 2026 - 09:22hs

En el otoño de 1982 la Royal Air Force envió a Sidney Edwards, un oficial de inteligencia de 48 años, a Santiago con una misión que nunca apareció en los comunicados oficiales. Su tarea: coordinar la ayuda que Chile prestaría al Reino Unido mientras la Task Force se dirigía al Atlántico Sur. La ausencia de cualquier anuncio público plantea la primera incógnita: ¿por qué un país que se declaraba neutral mantuvo tan discreta una operación de tal envergadura?

Según “El pacto perfecto”, el libro de los periodistas Daniel Avendaño y Mauricio Palma, la primera gestión de Edwards fue habilitar cinco aeródromos –Isla de Pascua, Carriel Sur, Concepción, Punta Arenas y la isla San Félix– para que aviones británicos, como los Nimrod de patrulla marítima, pudieran aterrizar y operar. Los aviones fueron repintados con insignias de la Fuerza Aérea chilena al tocar tierra, una maniobra que sugiere una intención de camuflaje y una coordinación estrecha entre ambos ejércitos.

El libro reproduce un documento del Ministerio de Defensa británico, clasificado como “SECRET UK EYES A / RESTRICTED” y fechado el 1 de mayo de 1982, tres semanas antes del desembarco en San Carlos. En sus 15 páginas aparecen quince opciones militares para recuperar las islas; la número 14 plantea una “participación activa” de Chile en un desembarco en Tierra del Fuego, y la 15, la más extrema, propone “incrementar la cooperación militar con Chile, incluida la posibilidad de una alianza militar”. La existencia de estas opciones, sin que se haya hecho pública ninguna deliberación al respecto, refuerza la sospecha de que la neutralidad chilena fue, en la práctica, una mentira de guerra.

El pacto se materializó en tres fases. Primero, Chile cedió sus pistas de aterrizaje para que aviones de reconocimiento británicos rastrearan los movimientos argentinos y los comunicaran al Alto Mando. Segundo, abrió su espacio aéreo, permitiendo que esas aeronaves circularan sin restricciones. Tercero, instaló un radar portátil Marconi en Balmaceda, cerca de Comodoro Rivadavia, cubriendo una zona que el radar chileno de Punta Arenas no alcanzaba. A cambio, Chile se quedó con el equipo, recibió tres aviones Canberra, compró nuevos Hawker Hunter a un precio que los autores califican de “ridículo” y envió a casi 30 oficiales de la Fuerza Aérea a entrenarse en el Reino Unido durante 1982.

El almirante José Toribio Merino, entonces comandante en jefe de la Armada, y el general Fernando Matthei, jefe de la Fuerza Aérea, fueron los principales articuladores del acuerdo. Merino ordenó devolver el buque petrolero Tidepool, recién adquirido por Chile, a la flota logística brit

Publicado el 13 de septiembre de 2026 - 09:22hs

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