Festival de Granada excluye a Ariana Harwicz tras presión pro‑palestina
A pocos días del inicio del Cultur Alh, la escritora argentina fue retirada del programa luego de que grupos pro‑palestinos exigieran su exclusión por su postura contra el boicot cultural a Israel. La decisión, tomada por las directoras del festival, provocó la denuncia de Harwicz sobre censura y miedo al debate en el ámbito universitario.
El Cultur Alh, el festival internacional de artes, literatura y humanidades organizado por la Universidad de Granada para celebrar su quinto centenario, había anunciado la participación de Ariana Harwicz el 26 de septiembre en una charla titulada “Oponerse al mundo”. La autora, radicada en Francia desde hace casi veinte años y finalista del Premio Booker Internacional 2018, compartiría el espacio con el escritor Jesús Ortega en la Plaza de las Pasiegas.
Dos días antes del inicio del evento, la escritora recibió la notificación de que su nombre había sido borrado del cartel. Según explicó en su cuenta de X, la decisión se produjo después de que la Red Universitaria por Palestina de Granada enviara una carta al comité organizador, acompañada de peticiones de lectores y de uno de los clubes de lectura participantes. Las directoras del festival, la catedrática Ana Gallego Cuiñas y la editora Patricia Escalona, justificaron la medida “en el marco de los compromisos institucionales de la Universidad de Granada respecto a Palestina y los derechos humanos”. Aseguraron que la exclusión no implicaba una descalificación de la autora ni de su obra, pero advirtieron que su presencia en una plaza pública habría hecho inviable el debate, tanto literario como político.
Harwicz denunció la medida como una capitulación ante la presión de militantes. “Me desprogramaron a último momento. Cedieron al terror”, escribió, añadiendo que la organización le había manifestado admiración por su obra antes de comunicarle la decisión. Cuando propuso asistir pese a las protestas previstas, le respondieron que su presencia podría resultar peligrosa. En posteriores mensajes, la autora acusó a los organizadores de silenciar a los demás invitados y de crear un clima de miedo que impide cualquier disidencia.
La polémica no se limita a Granada. En la misma semana, más de treinta participantes del Festival de las Ideas de Madrid presionaron para que el evento rompiera su vínculo con la aseguradora Allianz, acusada de financiar actividades vinculadas a Israel; la empresa retiró finalmente su patrocinio. Además, desde 2024 las universidades de Granada y Jaén habían suspendido colaboraciones científicas con instituciones israelíes, lo que muestra una tendencia de presión institucional en el sector académico.
Estas decisiones plantean preguntas que la propia Harwicz no dejó sin respuesta. ¿Hasta qué punto la presión de grupos externos puede determinar la agenda cultural de una universidad pública? ¿Qué criterios se aplican para decidir que una manifestación “puede ser peligrosa” sin que exista una evaluación de riesgos concreta? La directora Gallego Cuiñas afirmó que la organización había recibido “diversas peticiones” y que la decisión estaba alineada con los “compromisos institucionales”, pero no detalló en qué consisten esos compromisos ni cómo se equilibran con la garantía de libertad de expresión.
El caso también evidencia una contradicción interna: el festival se presenta como espacio de debate abierto, sin embargo, la exclusión de una voz disidente sugiere que la disidencia misma se vuelve inadmisible. Harwicz señaló que los demás invitados guardaron silencio, lo que, según ella, alimenta la efectividad de los “aprietes”. La falta de una respuesta pública de los organizadores a esas críticas deja abierta la cuestión de si la medida fue una decisión administrativa o una capitulación política.
En última instancia, la exclusión de Ariana Harwicz muestra cómo el conflicto entre la defensa de los derechos humanos y la preservación de la pluralidad de ideas sigue sin resolverse en los espacios culturales y académicos. Mientras algunos defienden la postura como una coherencia con los valores institucionales, otros la perciben como una forma de censura que debilita el debate que supuestamente debería ser el núcleo de cualquier festival universitario. La discusión está abierta, pero la ausencia de Harwicz del escenario de Granada ya habla por sí misma.



