Gibney revela la compleja verdad detrás de Elon Musk
El nuevo largometraje de casi cuatro horas del ganador del Oscar Alex Gibney se estrenó en el Festival de Venecia y reúne entrevistas, archivos y una cabeza parlante generada por IA para cuestionar la narrativa del magnate. El documental, que no contó con la participación directa de Musk, incluye la frase de la escritora Ashley St. Clair: “Su relación más complicada es con la verdad”.
El Festival Internacional de Cine de Venecia abrió su programa oficial con el estreno mundial de Elon Musk, el último trabajo del documentalista Alex Gibney. Con una duración cercana a las cuatro horas, la pieza se propone ordenar la maraña de declaraciones, proyectos y polémicas que rodean al empresario más rico del planeta.
Gibney, quien acumula premios Oscar y Emmy, ya había abordado a figuras de Silicon Valley y a los entresijos de Wall Street y Washington. En esta ocasión, el director reúne material de archivo, entrevistas con exesposas, excompañeros y periodistas especializados, y una secuencia de “cabeza parlante” creada mediante inteligencia artificial. Esa figura digital, de aspecto ceroso y mirada vacía, recita fragmentos de entrevistas y declaraciones públicas del propio Musk, según indica el realizador.
La apertura del filme lleva al espectador a una visión del cosmos mientras una voz que imita a Musk describe su misión de comprender el universo. El relato parte de una visión romántica de la conquista de Marte, pero pronto se vuelve crítico: Gibney muestra cómo esa aspiración se entrelaza con una “corrupción por causa noble”, es decir, la justificación de medios controvertidos bajo el paraguas de un fin supuestamente altruista.
A lo largo del documental se repiten dos ejes principales. El primero recorre los inicios del empresario, desde su paso por la industria tecnológica de los años noventa hasta la fundación de Tesla y SpaceX. En esas etapas, según el director, Musk se presentó como un emprendedor ambicioso con objetivos que incluían “crear una automotriz que priorizara los vehículos eléctricos para ayudar a enfrentar el calentamiento global” y “revitalizar la industria espacial abaratando sus costos”. El segundo eje examina la expansión de su influencia: la red satelital Starlink, la compra de Twitter (rebautizado como X) y los cambios en su algoritmo que, según la película, incrementaron la difusión de discursos de odio.
El documental también aborda la incursión de Musk en la política. Tras la reelección de Donald Trump en 2024, el magnate comenzó a participar en conferencias de prensa en la Oficina Oval y a impulsar la creación de un “Departamento de Eficiencia Gubernamental”. Gibney señala que el empresario mantiene vínculos con dirigentes de derecha en varios países, entre ellos el presidente argentino Javier Milei y el expresidente brasileño Jair Bolsonaro.
Entre los testimonios, la escritora de derecha Ashley St. Clair, quien reveló en 2025 haber mantenido una relación con Musk, declara en la conferencia de prensa del festival que “su relación más complicada es con la verdad”. Esa frase resume la intención del film: confrontar la versión oficial del magnate con la percepción de quienes lo rodean.
Musk, que rechazó participar en el proyecto, no aparece en persona. En su lugar, la IA que lo representa combina fragmentos de sus propias palabras con la interpretación de Gibney, quien explicó que buscaba “transmitir la realidad de lo que ha hecho, así como la irrealidad de su narrativa”. El director también incluye referencias a los videojuegos, señalando que el empresario los usa “para calmar sus demonios” pero que, según Gibney, también sirven como “un mecanismo para invertir en una irrealidad”.
El montaje final, concluido en 2024, se construyó sobre un primer corte que ya contenía gran parte del material. La versión que se proyectó en Venecia incorpora, según el realizador, la evolución de la figura pública de Musk tras su entrada en la arena política y su creciente influencia en plataformas digitales.
Con Elon Musk, Alex Gibney no pretende ofrecer una biografía exhaustiva, sino un retrato que invite al espectador a observar el conjunto de acciones del empresario y a reflexionar sobre sus posibles repercusiones en la democracia y en la percepción pública de la tecnología. La película queda como una pieza más del debate que rodea al magnate, cuya propia narrativa sigue generando tanto admiración como controversia.



