Seis disparos sellan juicio contra los presuntos asesinos de Aramburú
El tribunal parisino mostró videos donde uno de los acusados saca un cuchillo y se lo acerca al rostro de su víctima. La defensa sigue intentando desvincular el hecho de cualquier motivación racista, pese a los antecedentes de los imputados con grupos de ultraderecha.
El proceso judicial que investiga el asesinato del exrugby argentino Federico Martín Aramburú avanza con la exhibición de pruebas visuales que dejaron a la audiencia sin palabras. En la sesión del miércoles, el juez autorizó la proyección de imágenes grabadas desde la terraza del café‑restaurant Mabillon, donde se vio a Loïk Le Priol sacar un cuchillo de su bolsillo y acercarlo a la cara de Romain Bouvier, tal como había relatado el agente policial en su declaración previa.
El relato de los investigadores, presentado por el comisario de la brigada criminal, reconstruyó el tiroteo del 19 de marzo de 2022 en el Boulevard Saint‑Germain. Según la versión oficial, la pelea comenzó en la madrugada cuando Le Priol, bajo los efectos del alcohol, propinó unas bofetadas a Shaun Hegarty, amigo de Aramburú. El ex‑pumista intervino, derribó a Le Priol y lo sujetó por la capucha. El personal del local detuvo la bronca, y los involucrados se separaron, creyendo que el conflicto había concluido. La investigación, sin embargo, indica que la violencia se reanudó minutos después y culminó con seis disparos que dejaron al rugbier sin vida.
Los arrestos de los acusados se dieron en circunstancias distintas. Le Priol fue detenido en la frontera entre Ucrania y Hungría tras ser localizado mediante su teléfono móvil, mientras que Romain Bouvier fue capturado en la región de Sarthe después de que su tarjeta bancaria fuera usada en una transacción sospechosa. La pista los condujo hasta Antony S., amigo de Bouvier, quien habría desechado el arma en una zona que desemboca en el río Courance.
A pesar de los vínculos de ambos con el Groupe Union Défense (GUD), organización de ultraderecha, el investigador principal sostuvo en la audiencia que “nada en nuestras investigaciones nos permite vincular los hechos con un motivo racista”. Cuando se le preguntó directamente sobre la posibilidad de un gesto racista como detonante, el comisario respondió categóricamente “No”. La defensa, sin embargo, ha intentado plantear la figura de la legítima defensa, una estrategia que el tribunal ha empezado a desvirtuar con la evidencia presentada.
El impacto de los videos fue evidente. Al mostrarse la mampara detrás de la cual yacía el cuerpo de Aramburú y, posteriormente, las heridas de bala, María Codino, viuda del deportista, abandonó la sala acompañada de familiares. Shaun Hegarty, quien había estado con Aramburú esa noche, permaneció sentado, mientras Le Priol bajaba la mirada y Bouvier seguía observando la pantalla.
El ex‑pumista Lucas Borges, presente en el juicio, describió el proceso como “un momento difícil para todos” y expresó su esperanza de que la justicia francesa “ponga las cosas en su lugar”. Sus palabras subrayan la carga emocional que aún pesa sobre la familia y los amigos del fallecido, que siguen sin entender cómo una pelea que “parecía banal” terminó en una masacre.
Entre los antecedentes de Le Priol destaca su inclusión en el registro S de presuntos terroristas y su conocida asociación con grupos neofascistas. La defensa, sin embargo, no ha ofrecido una explicación clara sobre el motivo del ataque, más allá de la versión de legítima defensa que quedó en entredicho tras la reconstrucción minuto a minuto del tiroteo.
Con el tercer día de juicio concluido, la Fiscalía francesa mantiene la acusación de homicidio a sangre fría contra ambos imputados. La defensa todavía intenta sembrar dudas sobre la intención del agresor y la posible existencia de un móvil ideológico, pero la falta de pruebas que sustenten esa hipótesis deja al tribunal con la tarea de decidir si la violencia fue fruto de una disputa personal o de una agenda más profunda.
El caso sigue abierto y la sociedad argentina observa con atención, a la espera de un veredicto que, según los familiares, debería “ser acorde a lo sucedido”. Mientras tanto, la pregunta que persiste es



