Jueza revela que su bisabuela fue la primera mujer ejecutada en Chile
La magistrada penal Andrea Díaz‑Muñoz, al indagar en expedientes del siglo XX, confirmó que Corina Rojas, condenada en 1918, fue la primera mujer en Chile a recibir pena de muerte. El caso, que incluye el asesinato de su esposo en 1916 y un indulto presidencial, salió a la luz después de más de un siglo de silencio.
En 2020 la jueza penal Andrea Díaz‑Muñoz, descendiente de la familia Díaz‑Muñoz, se topó con un caso que cambiaría su perspectiva personal y profesional. Al revisar un programa del canal del Poder Judicial sobre la primera mujer condenada a muerte en el país, la coincidencia del apellido de la víctima –David Díaz‑Muñoz– la llevó a investigar su propia genealogía. Las conversaciones con familiares revelaron que su bisabuela, Corina Rojas, había sido la protagonista de aquel episodio judicial.
Corina Rojas, de 28 años, había contraído matrimonio con David Díaz‑Muñoz, un terrateniente 36 años mayor, cuando ella tenía apenas 15 y él 51. El vínculo, impuesto por sus padres, se mantuvo durante más de una década y dio origen a cuatro hijos. El 21 de enero de 1916, en el domicilio de la calle Lord Cochrane 338, en el centro de Santiago, Rojas organizó una cena con familiares, un comisario de policía y dos empresarios. Mientras los invitados jugaban a las cartas, Alberto Duarte, conocido como “El saco de luche”, se ocultó detrás de una cortina de terciopelo y, al momento en que el esposo se retiró a su dormitorio, le clavó un puñal en el pecho.
El asesinato generó una amplia cobertura mediática. La prensa de la época describió el hecho como “La baraja de la muerte”, nombre que después adoptó el primer largometraje del cine chileno, “El enigma de la calle Lord Cochrane”. En el proceso judicial, la defensa de Rojas alegó que había intentado, en diciembre de 1915, envenenar a su marido mediante una práctica de brujería, señal de la desesperación que vivía en un matrimonio donde dependía económicamente del esposo y no contaba con opciones de custodia ni pensión.
Durante el juicio, la figura de Jorge Sangts Frick, supuesto profesor de piano de la acusada, cobró relevancia. Resultó ser José Justino Gandarillas, un boliviano de Cochabamba buscado por estafas y robos. La policía constató que Gandarillas recibía dinero de Rojas, aunque él lo negó. Al ser detenido, señaló a Corina como la autora del crimen.
Corina Rojas fue detenida y pasó dos años en la Casa Correccional de Mujeres. La sentencia dictó la pena de muerte por fusilamiento, pero el presidente Juan Luis Sanfuentes concedió un indulto el 19 de noviembre de 1918, tras recibir una carta en la que la condenada imploraba “el perdón para una mujer desgraciada”. La magistrada no registró temor ni cuestionó el proceso judicial en esa solicitud. Tras el indulto, Rojas recuperó la libertad, pero nunca volvió a ver a sus cuatro hijos y su rastro se perdió.
Dos libros publicados antes del fallo, “El sensacional crimen de la calle Cochrane” y “El crimen de la calle Lord Cochrane”, describieron a la acusada con detalles físicos y de carácter, mientras los periódicos de 1916 centraron la cobertura en el escándalo de la relación extramarital y el supuesto homicidio a sangre fría, sin profundizar en los posibles malos tratos del marido ni en la situación



