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Podar siempre igual deja el cerco sin hojas

Un cerco vivo puede lucir verde arriba y quedar desnudo abajo por una poda repetitiva. La forma y la ubicación del corte son clave para evitar el envejecimiento prematuro y la pérdida de follaje en la base.

Redacción Tiempo REAL · Publicado el 19 de septiembre de 2026 - 03:20hs

Cuando un cerco formal muestra ramas verdes y compactas en la parte superior, pero la base se queda sin hojas, la causa suele estar en la manera de podar. La reacción más frecuente es recortar la zona afectada, pero si se repite siempre el mismo tipo de corte, se está generando el problema que se quiere solucionar.

La forma del cerco influye directamente. Para que la planta reciba luz en sus partes bajas, la base debe ser ligeramente más ancha que la parte superior, creando una silueta casi trapezoidal. Si el cerco es más ancho arriba, el follaje superior proyecta sombra sobre la base y favorece su despoblamiento progresivo.

Otro error frecuente es pasar la tijera por la misma capa una y otra vez. Ese proceso forma una “piel verde” exterior: aparecen ramificaciones jóvenes y densas justo detrás del corte, mientras el interior se vuelve más oscuro y leñoso. Con el tiempo, la planta crece verde donde recibe luz y queda desnuda donde la sombra impide el desarrollo.

En los arbustos, no todas las ramas tienen el mismo valor. Las más viejas pierden vigor y generan menos brotes. Cuando el cerco está muy envejecido, recortar solo las puntas no basta; es necesario eliminar algunas ramas antiguas desde su inserción para estimular una renovación desde la base. Esa es la lógica de la poda de rejuvenecimiento.

El viverista Ignacio Van Heden advierte que la poda de un cerco formal no consiste solo en bajar unos centímetros la planta. “Hay que trabajar con una guía que permita conseguir una superficie pareja y, sobre todo, decidir previamente qué estructura se quiere conservar”, señala. La intensidad del corte debe ajustarse al tamaño, la especie y la edad del ejemplar.

Como referencia general, Van Heden indica que la mitad de la primavera, una vez superado el período de heladas, es el momento adecuado para podar los cercos formales. No obstante, la respuesta varía según la especie. En un Ligustrum japonicum, por ejemplo, una poda demasiado temprana puede reducir la floración; en arbustos cuyo atractivo son flores o frutos, esperar hasta fines de primavera permite disfrutar del espectáculo antes de intervenir.

Si el cerco ya perdió hojas en la base, no está necesariamente condenado a ser reemplazado, pero tampoco se debe intentar arreglarlo con una sucesión de cortes superficiales. En arbustos capaces de rebrotar desde madera vieja, la renovación progresiva es más eficaz: se eliminan algunas ramas viejas desde la base, se conserva parte de la estructura joven y, al año siguiente, se continúa con otro sector. Así se evita un trauma severo y el cerco mantiene su función mientras se renueva.

En coníferas, la poda severa debe evitarse, ya que la capacidad de rebrote es limitada cuando se llega a madera vieja sin follaje. Conocer la especie y su respuesta a los cortes es esencial antes de cualquier intervención.

En definitiva, la poda no debe perseguir únicamente una línea perfecta; su objetivo es que la planta siga viva y saludable, equilibrando forma, luz y renovación de sus partes más viejas.

Publicado el 19 de septiembre de 2026 - 03:20hs

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