PRO y La Libertad Avanza renegocian: la política sigue en bucle
Los dirigentes de PRO y la coalición libertaria retomaron la mesa de negociaciones, mientras varios gobernadores desfilaron por la Casa Rosada y el peronismo vuelve a buscar una fracción unida. Cambian los rostros, cambian las fechas, pero la agenda sigue sin definirse.
En los últimos meses se volvió a escuchar el eco de una negociación que ya se había repetido al menos tres veces desde que la coalición presidencial tomó las riendas del poder. Esta vez, la conversación se dio entre el PRO, liderado por el presidente, y La Libertad Avanza, la fuerza libertaria encabezada por Javier Milei. A primera vista parece una simple reunión de intereses, pero al desmenuzar los antecedentes la escena revela una rutina política que se repite sin ofrecer sustancia.
El anuncio llegó a través de un comunicado oficial que, sin detallar contenidos, afirmó que “se avanzó en la construcción de una agenda de reformas estructurales”. No hubo menciones a planes concretos de inversión, ni a cómo se repartirían los cargos en el gabinete. La única cifra que acompañó la noticia fue el número de reuniones previas: siete encuentros en los últimos seis meses. ¿Siete charlas para cerrar una alianza que, según los críticos, parece más un gesto de fachada que una estrategia real?
Mientras los negociadores de la capital se reunían, la Casa Rosada recibió una visita inusual: la mayoría de los gobernadores de la nación, ocho en total, desfilaron frente al palacio con la bandera nacional ondeando. Entre ellos estaban los mandatarios de Mendoza, Santa Fe y Tucumán, provincias que, en los últimos años, habían alternado entre el apoyo al gobierno nacional y la crítica abierta. La presencia de tantos mandatarios en un mismo día generó la pregunta de si se trataba de una muestra de unidad o de una coreografía política para contrarrestar la percepción de aislamiento del Ejecutivo.
El peronismo, por su parte, también intentó reactivar la idea de unidad. En una conferencia de prensa el pasado 12 de junio, el líder del bloque peronista en el Congreso propuso “una nueva mesa de diálogo” para integrar a los distintos sectores que hoy se autodenominan “fracción moderada”, “fracción popular” y “fracción sindical”. El discurso, cargado de palabras como “consenso” y “coherencia”, no aclaró quiénes serían los interlocutores ni qué temas se abordarían. En la práctica, la unidad peronista ha sido un concepto que se ha usado y desechado según convenga a los intereses de los líderes de turno.
Lo que llama la atención es la escasez de datos concretos en todas estas declaraciones. No se anunciaron proyectos de ley, ni se establecieron metas de crecimiento económico, ni siquiera se presentó un cronograma. Lo único que se repite es la fórmula: “negociaciones”, “alianzas”, “unidad”. Es como si la política argentina hubiese entrado en un bucle de palabras, mientras la gente sigue esperando respuestas palpables.
Al revisar los antecedentes, el patrón se hace evidente. En 2021, el PRO buscó alianzas con la coalición libertaria para impulsar una agenda de apertura económica, pero la fricción ideológica sobre temas como la reforma del Estado y la política social frenó cualquier avance significativo. Tres años después, la misma coalición vuelve a la mesa, ahora con la promesa de “un nuevo pacto de estabilidad”. ¿Qué ha cambiado? El único elemento nuevo parece ser la presión de los mercados internacionales, que exigen reformas estructurales para liberar crédito, y la necesidad del gobierno de presentar una fachada de consenso interno.
Otro punto que no cierra es la postura de los gobernadores. La visita a la Casa Rosada coincidió con la publicación de un informe del Instituto Nacional de Estadística que mostraba una desaceleración del crecimiento del PIB del 2,5 % en el último trimestre. ¿La presencia de los mandatarios busca legitimar al gobierno frente a esos números o es una estrategia para reforzar su propia base de apoyo antes de los comicios municipales de 2027? La falta de una respuesta clara deja espacio a la sospe



