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San Martín entregó la artillería de los Andes a un fraile mecánico

Fray Luis Beltrán, nacido en San Juan y formado en un convento, pasó de sotana a dirigir una fábrica improvisada que equipó al Ejército de los Andes. Hoy su nombre apenas aparece en los libros de historia, pese a que sin sus ingenios la travesía habría sido imposible.

Redacción Tiempo REAL · Publicado el 13 de septiembre de 2026 - 11:52hs

El 7 de septiembre se cumple otro año del nacimiento de Fray Luis Beltrán. La crónica oficial lo sitúa en Mendoza, pero el propio testamento lo declara “natural de la ciudad de San Juan”. Ese detalle, que la tradición ignora, ya plantea la primera duda: ¿cuántas versiones de su vida siguen circulando sin ser verificadas?

A los dieciséis años ingresó al convento franciscano de Mendoza, donde estudió teología y derecho, pero su verdadera pasión fueron la física, la matemática y la mecánica, áreas poco habituales para un fraile del siglo XVIII. La curiosidad lo llevó a Chile, donde, “de puro curioso”, se introdujo en los talleres del ejército de Bernardo O’Higgins y reorganizó el trabajo. Cuando los patriotas fueron derrotados en 1814, cruzó la cordillera cargando sus instrumentos y, sin saberlo, se encaminó a un papel decisivo en la campaña de San Martín.

San Martín necesitaba más que soldados; requería técnicos capaces de producir armas y equipos desde cero. O’Higgins recomendó a Beltrán, y el 1 de marzo de 1815 el general lo nombró teniente segundo de artillería, poniendo al fraile al frente del parque y la maestranza del Ejército de los Andes. Desde entonces la sotana quedó a un lado, aunque nunca abandonó del todo su condición religiosa.

En el campamento de El Plumerillo Beltrán instaló un taller que rápidamente se convirtió en una verdadera fábrica de guerra. Llegó a dirigir a unos 700 artesanos, herreros y operarios en turnos rotativos, sin pausa. Allí se fundieron cañones, fusiles, sables, granadas, municiones, pólvora, uniformes, botas y hasta herraduras, todo bajo sus órdenes. La falta de materia prima lo obligó a reciclar rejas, ollas y campanas de iglesias, tal como describió Bartolomé Mitre, quien lo llamó “un hombre que se hizo matemático, físico y químico por intuición”.

El ingenio de Beltrán no se limitó a la forja. Para sortear la cordillera diseñó “zorras”, carros de cuatro ruedas, livianos y desmontables, capaces de transportar cañones por sendas de montaña. También ideó trineos, puentes colgantes, grúas y pontones para cruzar quebradas que, de otro modo, habrían sido intransitables para la artillería. Sin esas adaptaciones, el cruce de los Andes de 1817 con cañones intactos habría sido imposible. La pregunta que queda sin respuesta es por qué, a pesar de esa contribución, la figura de Beltrán sigue tan ausente en los relatos oficiales.

Tras la victoria en Chile, el fraile siguió a San Martín a Perú, trasladando su taller a Lima y luego a Trujillo. La relación con Simón Bolívar, sin embargo, resultó tensa. En 1825 Bolívar le exigió preparar casi mil fusiles en tres días; la tarea quedó incompleta al octavo día y el general lo reprendió públicamente, llegando a amenazarlo con fusilamiento. El episodio desencadenó una depresión profunda en Beltrán, que intentó suicidarse en Trujillo y fue salvado por los dueños de la casa donde se alojaba. La falta de apoyo logístico y la presión extrema plantean otra interrogante: ¿por qué un hombre que había demostrado tal capacidad organizativa fue tratado con tanto desdén por el propio libertador?

Bolívar, después de presenciar el colapso, envió a Beltrán de regreso a su tierra. El fraile se recuperó en un convento de Cuyo, participó en la batalla de Ituzaingó contra el Imperio de Brasil y, finalmente, volvió a Buenos Aires enfermo y sin recursos. Murió el 17 de abril de 1827, a los 43 años, prácticamente olvidado. Hoy la Argentina lo celebra como pionero de la industria metalúrgica y el 7 de septiembre se conmemora el Día del Trabajador Metalúrgico en su honor, pero la mayoría de los ciudadanos no asocian ese día al hombre que, literalmente, fundió la artillería que cruzó los Andes.

La paradoja persiste: un fraile que dejó de lado la sotana para forjar cañones que cambiaron el destino de una región, y cuya vida terminó en la indigencia de un convento. ¿Qué factores históricos y políticos han silenciado su legado? ¿Cuántas otras figuras de la independencia permanecen en la sombra por la escasez de documentos o por la falta de una narrativa que las incluya? La historia de Fray Luis Beltrán invita a replantear quiénes realmente construyeron la independencia sudamericana.

Publicado el 13 de septiembre de 2026 - 11:52hs

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