Septiembre rompe la poda: gasto en pensiones y vacunas sube 4,6 % y complica el ajuste.
En septiembre el gasto primario aumentó 4,6 % tras un repunte de la recaudación, concentrándose en pensiones y vacunas. El resto del presupuesto siguió bajo fuerte restricción, lo que plantea dudas sobre la continuidad de la política de ajuste.
Según un informe de la consultora Analytica, basado en los datos preliminares de ejecución presupuestaria, la “motosierra” que había frenado el gasto en julio y agosto dio paso a una suba del 4,6 % en septiembre. Ese incremento detuvo dos meses de podas de 9 % y 10 % respectivamente, y se debió a mayores ingresos tributarios, pese a la caída del IVA y a una mejora en la recaudación del impuesto a las Ganancias, según informó ARCA.
La expansión del gasto no se distribuyó de forma homogénea. Analytica señala que solo dos renglones del presupuesto absorbieron la mayor parte del alza: las erogaciones en pensiones no contributivas crecieron en 400.000 millones y las jubilaciones y pensiones contributivas en 200.000 millones. Además, el rubro de bienes y servicios registró un salto del 37 %, mitad del cual se explica por el gasto en vacunas y por el traspaso del programa de atención médica a beneficiarios de pensiones no contributivas, ahora ejecutado en parte como compra directa de medicamentos.
El resto del aumento provino de “gastos técnicos, vigilancia, mantenimiento y alquileres”, según el mismo informe. Sin embargo, la mayor parte del presupuesto siguió recortándose. En términos reales, obra pública cayó un 27,1 %, las transferencias a provincias un 24,3 %, los subsidios económicos (energía y transporte) un 16,7 % y las asignaciones familiares y AUH un 12,9 %.
Este patrón de “tregua” al ajuste parece aislado. En 2024 solo se detectaron dos meses con expansión del gasto: junio (+4 %) y marzo (+2 %). En los últimos 24 meses, únicamente siete meses mostraron alguna ampliación, siempre en proporciones menores que los recortes de julio y agosto. En lo que va del año, el gasto acumulado sigue en caída del 3 %.
El contexto fiscal obliga al gobierno a mantener la disciplina. El ajuste reforzado previsto para 2026 se explica por una caída en la recaudación, lo que obligó a una nueva ronda de recortes para no romper el equilibrio fiscal que el mandato de Javier Milei ha buscado preservar. La Fundación Mediterránea cuestiona los límites de esa poda: ¿la economía ya está “sobreajustada” y, de ser así, qué efecto tendría sobre la actividad productiva?
Analytica también advierte que, aunque el ajuste fiscal buscó contener la inflación, a partir de 2025 la política se volvió “monetaria”, con el Banco Central regulando la oferta de pesos. Tres problemas persisten: la disponibilidad de ahorro para inversión, que se desvía al dólar; la falta de rentabilidad esperada, reflejada en la caída del Merval (‑13 % en lo que va del año); y la escasa dinamización de la inversión extranjera directa.
En definitiva, el repunte de septiembre muestra que una mayor recaudación permite aliviar momentáneamente la presión sobre partidas sociales, pero no altera la tendencia general de restricción. La pregunta que queda abierta es si el gobierno podrá sostener esa “leve tregua” sin comprometer su objetivo de superávit y sin generar nuevos cuellos de botella en la actividad económica.





