Acusan a ultraderechistas de disparar a ex‑Puma tras pelea en bar
El tribunal penal de París reconstruyó minuto a minuto la madrugada del 19 de marzo de 2022, cuando Federico Aramburú fue baleado tras una discusión en Le Mabillon. Los acusados admiten haber usado sus armas, pero niegan intención de matar, lo que abre dudas sobre la versión de “legítima defensa”.
El juicio que se celebra en la Corte de París, cuatro años después del asesinato del exjugador de Los Pumas, avanza sobre la crónica de una noche que terminó en tragedia. El relato central proviene de Shaun Hegarty, amigo cercano de Aramburú desde 2004 y socio en la agencia de eventos Esprit Basque. Hegarty estuvo con el argentino desde la medianoche hasta el momento en que los disparos le quitaron la vida, y su testimonio duró más de tres horas frente a los jueces.
Según Hegarty, la velada comenzó con una celebración por un proyecto conjunto para la Copa Mundial de Rugby. Después de pasar la madrugada cantando y bailando, los dos amigos se dirigieron al bar Le Mabillon, en el barrio de Saint‑Germain‑des‑Prés. Allí se sentaron junto a una mesa donde estaban Romain Bouvier, Loïk Le Priol y Lyson Lyson Rochemir, esta última expareja de Le Priol y conductora del vehículo que más tarde aparecería en la escena.
La discusión se encendió cuando Bouvier y Le Priol intercambiaron bromas sobre su origen, lo que “no cayó bien” a los presentes. El altercado escaló rápidamente: según Hegarty, Le Priol se levantó, le dio tres cachetadas a Hegarty y le advirtió que sabía pelear por haber estado en los comandos de la Marina. Cuando Aramburú intentó calmar la situación, agarró a Le Priol por la capucha y lo tiró al piso, desatando una pelea física que terminó con la intervención del personal de seguridad. Las cámaras del bar registraron esa confrontación.
Con la cuenta pagada, Aramburú y Hegarty abandonaron el local, ambos con golpes y moretones. En el camino, entraron a otro hotel para pedir hielo. Allí, Hegarty vio un Jeep militar que reconoció como el mismo que había visto frente al Mabillon. En el vehículo viajaban Bouvier y Rochemir, y, según la reconstrucción judicial, también Le Priol, que salió a buscar a los dos argentinos después de la pelea.
El momento decisivo ocurrió cuando Bouvier sacó un arma y disparó cuatro veces; dos balas alcanzaron a Aramburú. El propio acusado admitió haber disparado, pero sostuvo que lo hizo “hacia el suelo” sin intención de herir. Hegarty rechazó esa versión, asegurando que no hubo disparos de advertencia y que el arma no parecía de juguete. La autopsia confirmó que Aramburú recibió seis impactos de bala en total, cuatro de los cuales provinieron del arma de Le Priol, quien, segundos después, salió corriendo por el bulevar y abrió fuego seis veces, vaciando el cargador.
La muerte se consumó a las 6.48 de la mañana, cuando Aramburú, herido y tendido entre unos tachos de basura, pronunció a Hegarty: “Shaun, llamá a la policía, me voy a morir”. Testigos intentaron reanimarlo sin éxito.
Los acusados, Le Priol y Bouvier, reconocieron haber usado sus armas, pero ambos niegan haber tenido la intención de matar. Le Priol se declara culpable de asesinato, pero alega “legítima defensa”. Esa defensa choca con la versión de Hegarty, que describe una persecución premeditada: los agresores dejaron el bar, localizaron a los dos argentinos y, al encontrarlos, abrieron fuego sin intentar advertir.
El tribunal aún no ha aclarado varios puntos críticos. No se ha explicado por qué los acusados, vinculados a la ultraderecha francesa, decidieron buscar a Aramburú y Hegarty después de la pelea, ni qué motivó la escalada a los disparos. Tampoco se ha presentado evidencia que respalde la afirmación de “legítima defensa” cuando la víctima estaba en fuga y no representaba una amenaza inmediata. La defensa tampoco ha detallado por qué, tras disparar, no se detuvieron para verificar el daño causado.
En ausencia de datos sobre un posible móvil político o personal, la audiencia deja abiertas preguntas esenciales: ¿fue la agresión un acto impulsivo de violencia callejera o una acción planificada por afinidades ideológicas? ¿Cómo se concilian las confesiones de uso de armas con la negación de intención homicida? El veredicto final, que aún está por dictarse, determinará si la justicia parisina considerará la versión de los acusados como una defensa legítima o la catalogará como un homicidio premeditado.



