Alfonsín tacha a Ubaldini de “mantequita” y desata la tormenta sindical
En un acto en Trelew, el presidente Raúl Alfonsín llamó “mantequitas, llorones y quejosos” a los críticos de su gestión. Saúl Ubaldini replicó en un semanario, y pocos meses después la disputa verbal se convirtió en una serie de paros que marcarían la política laboral argentina. La crónica revisa lo que quedó sin aclarar y qué interrogantes persiste.
El 17 de mayo de 1985, frente a una multitud en Trelew, Alfónsín, con su característico tono cascarrabias, lanzó la frase “el país no está para mantequitas, llorones y quejosos”. La observación estaba dirigida a Saúl Ubaldini, entonces líder de la Confederación General del Trabajo (CGT), que había criticado la gestión del nuevo presidente radical. La fuente no indica si la frase fue parte de un discurso más amplio o un comentario improvisado, pero el tono provocador quedó claro.
Ubaldini no tardó en contestar. En un reportaje de un semanario de actualidad —cuyo nombre no se menciona en la fuente— el dirigente sindical rechazó la etiqueta, asegurando: “No soy ni mantequita ni llorón ni quejoso”. El texto no brinda más del contenido del artículo ni la reacción de otros sectores, lo que deja abierta la pregunta de cuánto impacto tuvo esa respuesta en la opinión pública y si el semanario le dio mayor difusión a la disputa.
Pocos días después, la tensión verbal se trasladó a la Plaza de Mayo, donde otro gremial, al frente de un sindicato de cerveceros de apenas 6 mil afiliados, lanzó la frase “Llorar es un sentimiento, pero mentir es un pecado”. La fuente lo presenta como un “truco y retruco” que marcó el inicio de una confrontación más profunda entre el gobierno y los sindicatos. Sin embargo, no se detalla quién fue exactamente el portavoz ni cómo esa declaración se vinculó directamente a la disputa entre Alfónsín y Ubaldini.
Lo que sí se menciona es que el intercambio de palabras fue la chispa que, al año siguiente, desencadenó cuatro paros consecutivos de la central obrera, parte de las 13 medidas de fuerza que se registran como el mayor conflicto laboral de la historia reciente de Argentina. La fuente señala que esos paros cumplieron cuarenta años en 2025, pero no especifica las fechas exactas, los sectores involucrados ni el alcance económico de cada huelga. La ausencia de esos datos dificulta evaluar la magnitud del conflicto y su relación directa con el intercambio verbal.
Desde un punto de vista político, el duelo se inscribe en la fase inicial de la recuperación democrática tras la dictadura. Alfónsín había ganado las elecciones de 1983 con una victoria “avasallante”, y su gobierno buscaba “democratizar la vida sindical” mediante un proyecto de ley que, según la nota, no pasó el Senado. La falta de información sobre los contenidos del proyecto y los argumentos del Senado deja sin respuesta por qué la iniciativa fracasó y si la oposición de Ubaldini influyó en la derrota legislativa.
El relato también menciona que el peronismo, aún herido por su primera derrota en elecciones libres, estaba “perplejo” y que los líderes sindicales intentaban romper la “leyenda negra” del sindicalismo violento. No obstante, la pieza no indica qué otras figuras políticas, dentro o fuera del PJ, participaron en el debate ni cómo la prensa de la época cubrió la disputa. La ausencia de estos elementos impide entender si el conflicto fue realmente una confrontación bilateral o parte de una pugna más amplia entre sectores políticos y económicos.
En cuanto a la repercusión en la sociedad, la fuente sugiere que el intercambio de palabras “cautivó la empatía cívica de los ciudadanos de a pie”. Sin datos de encuestas o testimonios, esa afirmación queda sin sustento. ¿Cuántos argentinos percibieron la disputa como un enfrentamiento de principios o como una mera pelea de egos? La falta de cifras o estudios de opinión deja esa cuestión en el aire.
Finalmente, la crónica menciona el Plan Austral, lanzado pocos días después del “enturbiamiento de mantequitas y pecados”, pero no explica la relación entre la política económica y los conflictos laborales. La ausencia de un vínculo claro entre ambas iniciativas genera otra laguna: ¿el Plan Austral buscó calmar la presión sindical o, por el contrario, intensificó la confrontación?
En síntesis, la famosa frase de Alfónsín y la réplica de Ubaldini marcaron un episodio simbólico de la política argentina de los años 80, pero la información disponible deja varios vacíos. Falta conocer el alcance real del debate mediático, los detalles legislativos que alimentaron la tensión y el impacto concreto de los paros que sigu



