Autoras rechazan la etiqueta de “boom” para escritoras latinoamericanas
El libro No somos boom, de Lorena Amaro Castro y Fernanda Bustamante Escalona, abre la discusión sobre la reciente visibilidad de narradoras nacidas a partir de los años setenta. Desde la crítica al mercado editorial hasta la reflexión feminista, la obra cuestiona si el término “boom” sirve para describir a estas escritoras o si solo refuerza una lógica mercantil.
Lorena Amaro Castro, académica de la Pontificia Universidad Católica de Chile, y Fernanda Bustamante Escalona, de la Universitat Autónoma de Barcelona, publicaron No somos boom bajo el sello del Fondo de Cultura Económica. La obra reúne ensayos que analizan la actual “instalación” de un grupo de narradoras latinoamericanas nacidas a partir de la década de 1970, cuyas obras han alcanzado una posición central tanto en ventas como en la valoración crítica.
Desde el principio, las autoras ponen en tela de juicio la etiqueta de “boom”. Según el libro, muchas de las escritoras incluidas en esa categoría rechazan el término porque lo asocian con lo contingente y lo mercantil, y temen que la etiqueta las encasille en una moda pasajera. Amaro y Bustamante exploran, además, la relación entre libertad creativa y mercado, señalando que la literatura que circula en un entorno capitalista, neoliberal y (neo)colonial, enfrenta dificultades para mantener su capacidad de ruptura.
El texto también dirige una crítica a la academia. Las autoras sostienen que, aunque la universidad se presentó históricamente como garante de la independencia de criterio, hoy muestra una “demasiada docilidad” frente a premios resonantes, campañas publicitarias y la influencia de grandes grupos editoriales. Este alineamiento, según el libro, favorece la concentración de la atención en unos pocos nombres que logran acceder al gran mercado internacional, mientras que un amplio abanico de escritoras, a menudo pertenecientes a colectivos minorizados, permanece en la sombra.
En esa línea, No somos boom denuncia que profesores, críticos y demás agentes culturales tienden a centrar sus estudios en las autoras más visibles, en lugar de financiar investigaciones que descubran otras voces menos rentables pero igualmente valiosas. La obra plantea que esta práctica refuerza una visión parcial del panorama literario latinoamericano contemporáneo.
Desde la perspectiva feminista, el libro indaga cuán representativas son las escritoras etiquetadas como “boom” respecto a una mirada feminista más amplia. Amaro y Bustamante subrayan que la “inexistencia” aparente de la autoría femenina sigue siendo un problema, a menos que se reconozcan los casos catalogados como excepcionales. Señalan que la aparición puntual de escritoras en la esfera pública no implica una transformación estructural, y advierten contra la idea de que cada nueva figura sea una novedad absoluta que “inaugura” la presencia femenina en la literatura universal.
Para ilustrar su argumento, las autoras presentan un mapa editorial que muestra colecciones independientes y proyectos de rescate crítico, con el objetivo de visibilizar una constelación más amplia de textos. También critican los calificativos que se aplican a las poéticas del supuesto “boom” –términos como “extrañas”, “weird”, “neogóticas” o “fantásticas posmodernas”–, argumentando que provienen de centros hegemónicos y no reflejan la tradición latinoamericana, donde la frontera entre realidad y ficción siempre ha sido permeable.
El libro incluye la reflexión de la artista visual Verónica Gerber sobre la incorporación de soportes mixtos, como “textos instalaciones” o “escrituras del compostaje”, que amplían el concepto de obra literaria. En el último capítulo, bajo el título “El futuro será feminista”, se plantea que el feminismo abre una línea utópica de vida posible frente a los desastres políticos y ambientales que atraviesa la región.
Finalmente, No somos boom menciona conceptos como “desapropiación” y “comunalismo literario”, acuñados por la mexicana Cristina Rivera Garza, que proponen un trabajo colectivo más allá de la notoriedad individual. Según Amaro y Bustamante, ganar espacios singulares ya constituye un logro que, a la larga, habilita la expansión de otras voces.
En síntesis, el libro no solo cuestiona la utilidad del término “boom” para las nuevas escritoras latinoamericanas, sino que también propone una mirada más amplia y colectiva, que reconozca la diversidad de experiencias y estilos sin reducirlas a una etiqueta comercial.



