CGT y CTA afirman plan, pero el quinto paro queda incierto
Los dirigentes sindicales celebraron la primera fase del plan de lucha iniciado en julio, pero no dieron detalles sobre la fecha ni la forma del próximo paro general. La ausencia de un clima social “suficiente” y los roces internos ponen en duda la efectividad de la estrategia conjunta.
En una reunión cerrada en la sede de Azopardo 802, los máximos representantes de la CGT y de las dos CTA evaluaron el avance del plan de lucha que arranca el 22 de julio contra el gobierno de Javier Milei. El triunvirato cegetista (Jorge Sola, Cristian Jerónimo y Octavio Argüello), Hugo “Cachorro” Godoy de la CTA Autónoma y Hugo Yasky con Roberto Baradel de la CTA de los Trabajadores coincidieron en que la primera etapa resultó “positiva”. Según ellos, la marcha del 20 de agosto contra el endeudamiento familiar logró visibilizar la problemática y la presencia de la CTA en la marcha de jubilados del 22 de julio habría impulsado la adhesión a las concentraciones semanales.
Aun así, el panorama para el quinto paro general sigue sin definirse. Las tres centrales lo describen como “inevitable”, pero admiten que aún no existe el “clima social necesario” para garantizar su éxito. La falta de precisión sobre fechas, alcance y coordinación deja abierta la pregunta: ¿cómo se traducirá esa inevitabilidad en una acción concreta?
El plan, que inicialmente se presentó como una serie de protestas “a la francesa” con paros sectoriales alternados, ha adoptado un tono más moderado. Las movilizaciones recientes contaron con una presencia “casi testimonial” de la CGT, como las marchas al Congreso del 6 y 7 de agosto y la del 20 de agosto sobre familias y pymes endeudadas. Un intento de paro el 28 de agosto, previsto para coincidir con la deliberación del Consejo del Salario, se anuló porque la reunión se realizó por Zoom, generando una fricción entre la CGT y las CTA, que habían pedido una protesta presencial frente a la Secretaría de Trabajo.
Esa divergencia se repitió el 2 de septiembre, cuando la cúpula cegetista decidió no participar en la marcha del Día de la Industria y optó por un acto interno en Azopardo. La decisión de priorizar la unidad con la CGT sobre la acción directa sugiere tensiones internas que podrían afectar la cohesión del frente sindical.
En el sector educativo, la CGT mantiene una estrategia de presión sin llegar a paros, respetando la Ley 27.802 que obliga a mantener el 75 % de los servicios esenciales. Sin embargo, la CTERA, adscrita a la CTA de los Trabajadores, realizó un paro docente el 3 de agosto, evidenciando una línea más combativa dentro del mismo bloque sindical.
Cristian Jerónimo, líder cegetista, advirtió que la conflictividad escalará si el gobierno no abre un canal de diálogo frente al deterioro del empleo, el endeudamiento familiar y el congelamiento de las jubilaciones. Aunque no descarta un paro general, subrayó que no es la opción prioritaria y expresó su deseo de evitarlo. La ambigüedad entre “inevitable” y “no prioritario” plantea otra contradicción que los sindicatos deberán resolver antes de lanzar una medida de fuerza masiva.
Por último, la visita papal, anunciada para el 9 de noviembre en el campus de la Universidad Católica Argentina, contará con la presencia de la CGT, representantes del empresariado y movimientos sociales. La reunión, solicitada durante una audiencia privada en el Vaticano, podría convertirse en un espacio de presión política, aunque aún no está claro qué peso tendrá en la definición del próximo paro.
En síntesis, los sindicatos celebran los logros de la primera fase, pero la ausencia de un plan concreto para el quinto paro, los roces internos y la falta de un clima social sólido dejan abiertas varias incógnitas. La decisión que tomen la próxima semana determinará si la estrategia conjunta pasa de la retórica a la acción efectiva.



