Debate interno sobre el tipo de cambio: dólar bajo podría agotar USD 15 000 millones de reservas.
El presidente invitó a un economista externo a la mesa del Gabinete para discutir la política cambiaria. El ex‑jefe de Goldman Sachs señaló que el tipo de cambio está 29 % bajo su promedio de los últimos 23 años, mientras el gobierno argumenta que el superávit comercial y los términos de intercambio hacen innecesaria una devaluación. La discusión plantea dudas sobre la viabilidad de mantener la cotización actual.
El viernes, Javier Milei decidió romper la costumbre y llevar al interior del Gabinete el debate sobre el tipo de cambio. En una presentación encabezada por el economista Alberto Ades, el presidente abrió la discusión con la intención de “escuchar” distintas posturas, algo que hasta ahora se había limitado a conversaciones informales en Olivos con asesores habituales.
Ades, quien no pertenece al círculo interno de la cúpula, recordó la advertencia del ex‑economista jefe de Goldman Sachs, quien afirmó que el dólar está 29 % por debajo del promedio de los últimos 23 años y, además, por debajo del nivel que se registró en 2017, año en que el país vivió la crisis cambiaria que culminó en el rescate del FMI. La comparación con 2017, sin embargo, ignora que la situación macroeconómica de hoy difiere en varios aspectos: el país registra un superávit comercial récord, una cuenta corriente positiva y una mejora sustancial en los términos de intercambio, impulsada por el salto de precios del petróleo y la soja.
Según Ades, “el nivel actual del tipo de cambio aún deberá ser convalidado”. La frase sugiere que, pese a los indicadores favorables, la apreciación sostenida del peso no está garantizada. En la práctica, el Banco Central ya ha acumulado compras de dólares que “casi alcanzan los USD 15.000 millones”, lo que plantea la cuestión de hasta dónde puede seguir interveniendo sin agotar reservas o generar distorsiones.
El argumento de que no se necesita un dólar más alto se sustenta en varios puntos: la brecha entre el contado con liquidación y el dólar oficial se ha reducido a apenas un 5 %; los términos de intercambio son favorables porque los precios de exportación subieron mientras los costos de importación se mantuvieron estables; y la revaluación del real brasileño ha aliviado la presión sobre el tipo de cambio argentino. Cada uno de estos factores, sin embargo, tiene limitaciones. La brecha del 5 % sigue existiendo y, aunque pequeña, indica que el cepo cambiario ya no es tan restrictivo como en años anteriores, pero no elimina el riesgo de volatilidad ante shocks externos.
Ades también enumeró sectores que podrían beneficiarse de un tipo de cambio más alto, como la construcción y el turismo receptivo, para luego advertir que una devaluación tendría un impacto negativo en los salarios. La mención de la construcción genera dudas: bajo gobiernos kirchneristas, el sector se expandió no por un dólar alto, sino por un esquema de obra pública basado en corrupción y por la posibilidad de adquirir dólares baratos bajo el cepo, para luego venderlos en el mercado libre. El artículo original señala que la brecha cambiaria de 100 % o más en esos años generó ganancias millonarias para empresas y funcionarios, lo que pone en tela de juicio la idea de que un dólar alto sea la única palanca para impulsar la actividad.
Otro punto que quedó sin responder es la sostenibilidad de la apreciación cambiaria a largo plazo. Países como Corea del Sur, Israel y Chile lograron una fuerte revaluación después de consolidar números fiscales, impulsar la productividad y realizar inversiones tecnológicas. Argentina aún no ha demostrado haber alcanzado ese conjunto de condiciones; el superávit comercial actual se basa en precios externos favorables y no necesariamente en una mejora estructural de la competitividad.
La decisión de abrir el debate dentro del Gabinete plantea, además, una cuestión política: ¿qué motiva a Milei a cuestionar una política que, según su propio equipo económico, “no tiene argumentos para fomentar un salto discrecional del tipo de cambio”? La respuesta no está clara en la presentación. Algunos analistas sugieren que la medida busca legitimar futuras decisiones de política cambiaria, mientras que otros la ven como una forma de responder a la presión de sectores que demandan un tipo de cambio más alto.
En síntesis, la discusión sobre el dólar bajo sigue sin resolverse. Los indicadores actuales –superávit comercial, cuenta corriente positiva y términos de intercambio favorables– ofrecen una base para sostener la cotización, pero la falta de datos sobre la productividad interna, la inversión tecnológica y la estabilidad fiscal deja abierta la pregunta de cuán durable será esa apreciación. Mientras tanto, el gobierno mantiene la postura de que el debate está “zanjado”, aunque la apertura del Gabinete a voces externas sugiere que la cuestión seguirá latente en la agenda económica del país.






