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Sociedad

Edificio de 25 m rompe límite de altura en Colegiales

Una obra de 17 departamentos y 1 570 m² recibió autorización para superar los nueve metros que permite la normativa en la zona de Nuevo Colegiales. Los vecinos denuncian el riesgo para la infraestructura y la pérdida de espacios verdes, mientras la legisladora Bárbara Rossen lleva el reclamo al Congreso.

Redacción Tiempo REAL · Publicado el 3 de septiembre de 2026 - 01:57hs

En el corazón de Colegiales, la calle Maure 2817 se convirtió en el epicentro de una disputa que pone en tela de juicio cómo se aplican las normas urbanísticas de la Ciudad de Buenos Aires. La Dirección General de Interpretación Urbanística (DGIUR) aprobó la construcción de un edificio de más de 25 metros de altura, mucho más alto que el tope máximo de nueve metros que establece la normativa para el sector conocido como Nuevo Colegiales (U20). El proyecto, encargado a la firma Garrone Arquitectos, contempla 17 departamentos distribuidos en 1 570 m² de superficie total.

El conflicto no surge solo por la altura. El área en la que se plantea la obra está catalogada como zona residencial de baja densidad, diseñada para preservar un carácter de barrio tranquilo y con espacios verdes. La excepción que se utilizó para aprobar el proyecto se llama “completamiento de tejido” o “enrase”, una figura legal que permite, en ciertos casos, añadir unidades habitacionales donde la densidad ya está consolidada. Sin embargo, el Código Urbanístico de la Ciudad deja claro que esa herramienta no es aplicable en la zona U20, lo que generó la primera señal de alerta entre los residentes.

Los vecinos de Colegiales, que describen el proyecto como una “mole” que sobrepasa de forma grotesca los límites previstos, expresan su preocupación por varias aristas. Primero, el aumento de la población sin una correspondiente ampliación de la red de agua y cloacas podría saturar los servicios básicos, que fueron diseñados para una densidad mucho menor. Segundo, la construcción implica la pérdida de áreas verdes y la tala de árboles centenarios que forman parte del paisaje del barrio. En sus conversaciones, los vecinos repiten que la “identidad barrial” está en juego, y que la autorización de este edificio sería solo la primera de muchas intervenciones similares.

La polémica ha trascendido el ámbito vecinal y llegó al ámbito legislativo. La diputada Bárbara Rossen, perteneciente al bloque Fuerza por Buenos Aires, presentó un proyecto de resolución que solicita al Poder Ejecutivo porteño una explicación detallada de los fundamentos técnicos y legales que sustentan la factibilidad urbanística otorgada en Maure 2817. La iniciativa busca, según la legisladora, “desarmar un camino administrativo que amenaza con transformar el estilo tradicional de los edificios y casas del barrio”. Con la interpelación, Rossen pretende que se revisen los criterios de excepción y que se garantice el cumplimiento estricto del Código Urbanístico, evitando que la práctica de “excepciones a medida” se convierta en una regla informal.

El caso de Maure 2817 se inserta dentro de una tendencia más amplia que varios analistas locales describen como una “avanzada inmobiliaria” que erosionaría la esencia de los barrios porteños. En los últimos años, proyectos de mayor densidad han surgido en zonas tradicionalmente bajas en altura, generando tensiones entre desarrolladores, autoridades y la comunidad. Los críticos sostienen que la flexibilidad interpretativa de la normativa favorece intereses privados en detrimento del bienestar colectivo, mientras que los promotores argumentan que la ampliación de la oferta habitacional es necesaria para atender la creciente demanda de vivienda en la capital.

Hasta el momento, la DGIUR no ha emitido una respuesta pública a las críticas ni ha anunciado una revisión del permiso concedido. Los vecinos, por su parte, continúan organizándose a través de reuniones de bloque y plataformas digitales para presionar por una solución que respete los parámetros urbanísticos y preserve el carácter del barrio. Algunos han planteado la posibilidad de iniciar acciones legales, aunque la viabilidad de esas demandas depende de la interpretación de la normativa y de la evidencia que puedan aportar sobre los supuestos daños a la infraestructura y al entorno natural.

En medio de la disputa, el edificio sigue en fase de construcción y su silueta ya se percibe sobre el horizonte de Colegiales. Para los residentes, cada nuevo piso que se levanta refuerza la sensación de que la normativa está siendo reconfigurada a conveniencia. La resolución que la legisladora Rossen espera impulsar podría, al menos, obligar a las autoridades a justificar de manera transparente los criterios que permitieron esta excepción. Mientras tanto, la comunidad observa con cautela cómo se desarrolla el proyecto y cómo se define el futuro de la planificación urbana en la ciudad.

La discusión que inició en una calle del barrio ahora alimenta un debate más amplio sobre la relación entre desarrollo inmobiliario y preservación del tejido urbano. La respuesta que dé el Ejecutivo porteño y la eventual decisión del Congreso podrían sentar un precedente que influya en la forma en que se manejan proyectos similares en otras zonas de Buenos Aires. En cualquier caso, la historia de Maure 2817 ya se ha convertido en un referente para quienes defienden la idea de que la normativa urbanística no sea un mero papel, sino una herramienta que garantice calidad de vida y respeto por la identidad de los barrios.

Publicado el 3 de septiembre de 2026 - 01:57hs

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