Nacimiento se desploma 50 % y UNICEF llama a replantear la infancia
En diez años la cantidad de bebés nacidos en Argentina se redujo a la mitad, mientras la tasa de fecundidad cayó a 1,3 hijos por mujer, el nivel más bajo del país. UNICEF asegura que esa caída abre una ventana para mejorar la atención a la primera infancia, pero también deja muchas preguntas sin responder sobre las causas y las respuestas del Estado.
Argentina vive una transformación demográfica que rompe registros. Según el informe presentado por UNICEF este miércoles, los nacimientos pasaron de 777.012 en 2014 a 413.135 en 2024, una caída cercana al 50 %. La tasa de fecundidad se situó en 1,3 hijos por mujer, muy por debajo del umbral de reposición de 2,1. Ese número es el más bajo que se tiene en la historia del país y, a la luz de una población de mujeres en edad fértil tres veces mayor que hace siete décadas, resulta desconcertante que la cifra de nacimientos sea comparable a la de 1948.
El informe “Natalidad en Argentina. Descenso reciente y perspectivas” señala que la tendencia nacional se enmarca dentro de un fenómeno global, aunque con una intensidad superior a la media mundial, donde la fecundidad ha disminuido alrededor del 21 % en los últimos 25 años. Argentina y Chile aparecen como los casos más pronunciados de América Latina. La representante adjunta de UNICEF, María Elena Úbeda, atribuye parte del descenso a la fuerte caída de la fecundidad adolescente y a la postergación de la maternidad, además de señalar que las mujeres de entre 20 y 30 años tienen menos hijos y esa reducción no se compensa en etapas posteriores.
Aun así, la explicación ofrecida deja varios vacíos. No se detalla cuánto influyen factores como la crisis económica, el aumento del costo de la vida o la precariedad laboral, variables que en otros estudios se han vinculado a la decisión de postergar o limitar la familia. Tampoco se menciona el rol de las políticas de planificación familiar o de acceso a métodos anticonceptivos, que podrían haber contribuido a la caída de la fecundidad adolescente. Sin datos concretos sobre estos elementos, la narrativa se queda en la superficie.
El informe también pone el foco en las desigualdades que atraviesa la caída de la natalidad. Las mujeres con mayor nivel educativo presentan tasas más bajas que aquellas que no completaron la educación secundaria, y la brecha se amplía entre provincias. Santa Cruz registró la mayor disminución de nacimientos en la última década, mientras que Misiones mostró el descenso más moderado. Esta disparidad territorial plantea interrogantes sobre la distribución de los recursos y la efectividad de las políticas locales. ¿Qué medidas específicas están tomando los gobiernos provinciales con mayor caída para contrarrestar la tendencia? La fuente no ofrece respuestas ni indica si existen programas diferenciales.
Frente a este panorama, UNICEF plantea que la reducción de la natalidad no debe traducirse en menos inversión, sino en una mejor planificación de los recursos dirigidos a la primera infancia. Según la oficial de Política Social de UNICEF Argentina, Carolina Aulicino, la baja fecundidad “avanza sobre un mapa provincial muy desigual” y, por tanto, las intervenciones deberían orientarse a los territorios y grupos sociales con mayores desafíos. La recomendación es clara: priorizar la calidad de la atención en salud, educación, cuidados y protección social para los niños que nacen.
Sin embargo, la nota no concreta qué cambios estructurales propone ni cómo se financiarían. No se indica si el presupuesto de la Secretaría de Niñez y la familia será incrementado, redistribuido o simplemente reorientado. Tampoco se menciona si existen metas cuantificables para mejorar la cobertura de los servicios de primera infancia ni cómo se medirá el impacto de esas políticas. La ausencia de estos detalles dificulta evaluar la viabilidad de la “oportunidad” que señala UNICEF.
Otro punto crítico es la posible consecuencia demográfica a mediano y largo plazo. Con una tasa de fecundidad de 1,3 y una población que envejece, el país podría enfrentar una presión sobre los sistemas de pensiones y una reducción de la fuerza laboral activa. El informe no aborda si el gobierno está considerando incentivos para equilibrar la pirámide poblacional, como licencias parentales ampliadas, subsidios por hijo o políticas de conciliación laboral. La falta de esa visión integral genera dudas sobre la capacidad del Estado para anticipar los retos que acompañan a una población cada vez más envejecida.
En síntesis, los datos son contundentes: la natalidad se redujo a la mitad en diez años, la fecundidad cayó a niveles históricos y la distribución de esos cambios es desigual. UNICEF interpreta la situación como una ventana para reforzar la calidad de la atención a la primera infancia, pero la falta de información sobre los factores económicos, las políticas de apoyo y el financiamiento concreto deja abiertas preguntas esenciales. La discusión no solo debe girar en



