FGS rebaja hipotecas, pero el crédito al consumo sigue a 65%
En diez días, cinco bancos privados redujeron sus tasas UVA y se alinearon con la oferta pública. Sin embargo, los préstamos personales siguen rondando el 65 % nominal anual, manteniendo alta la morosidad de los hogares.
La primera licitación del Fondo de Garantía de Sustentabilidad (FGS) de la ANSES empezó a dar los resultados que el Gobierno buscaba: una caída visible en las tasas de los créditos hipotecarios. En apenas diez días, cinco bancos privados anunciaron recortes en sus préstamos UVA, de modo que la tasa promedio ofrecida por el sector privado convergió con la de los bancos públicos. El objetivo del nuevo esquema de fondeo es facilitar el acceso a créditos de largo plazo para vivienda, al proveer recursos que reduzcan el descalce entre depósitos de corto plazo y préstamos de 20 o 30 años.
El impacto, sin embargo, se queda limitado al segmento hipotecario. En el mismo período, las empresas experimentaron una disminución de sus costos de financiamiento: según Suramericana Visión, los adelantos empresariales cayeron alrededor de 200 puntos básicos, cerrando agosto cerca del 26 % nominal anual. Esta reducción consolida un proceso de abaratamiento del crédito productivo, pero no se traduce en alivio para los consumidores.
Los préstamos personales permanecieron prácticamente inmóviles. El informe indica que la tasa nominal anual se mantiene en torno al 65 %, una cifra que, en términos reales, sigue siendo alta y “no colabora en estabilizar la mora de la cartera de las entidades bancarias”, la cual se sitúa en 12,8 %. La brecha se hace más evidente al comparar el costo del crédito con el rendimiento de los plazos fijos: a fines de agosto, el ratio entre la tasa de préstamos personales y la de un plazo fijo alcanzó 3,2 veces, frente a 2,7 veces a fines de 2025 y apenas 1,6 veces un año antes. El costo relativo de financiarse para las familias se ha disparado.
¿Por qué el crédito sigue “partido en dos”? La diferencia radica en que los hipotecarios recibieron un impulso específico mediante el programa del FGS, mientras que los préstamos de consumo continúan sujetos al costo general del dinero, al riesgo crediticio y a la morosidad de los hogares. En ese sentido, la política pública no ha abordado de forma directa los factores que encarecen el crédito al consumo.
El contexto macroeconómico no ayuda. Suramericana Visión señala que el consumo muestra debilidad, los salarios reales siguen en terreno negativo y la morosidad de los hogares se mantiene en niveles históricamente elevados. En junio, todos los canales de consumo masivo registraron retrocesos respecto al mes anterior y acumulan caídas durante 2026. Además, el salario bruto promedio del sector privado perdió poder adquisitivo por sexto mes consecutivo en términos interanuales reales.
Ante este panorama, la pregunta que queda abierta es si el FGS ampliará su alcance más allá de la vivienda para aliviar también el costo del crédito al consumo. Mientras tanto, los bancos parecen más dispuestos a financiar inversiones productivas y hipotecas respaldadas por el nuevo esquema de fondeo, pero mantienen condiciones mucho más exigentes para los préstamos personales, dejando a las familias sin el alivio que la inflación y la pérdida de salarios demandan.



