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Muere el librero que salvó la librería más antigua de Argentina

El 27 de agosto de 2026 falleció a los 80 años Miguel Ángel Ávila, quien mantuvo viva la Librería del Colegio, la más longeva del país. Su vida, marcada por la calle, la ópera y los debates de la Platero, quedó en la memoria porteña, pero su partida deja preguntas sobre el futuro del emblemático local y sobre la falta de políticas de protección cultural.

Redacción Tiempo REAL · Publicado el 9 de septiembre de 2026 - 19:27hs

Miguel Ángel Ávila murió el 27 de agosto de 2026, a los 80 años, tras una vida que él mismo resumía con la frase “el libro me salvó”. Nacido el 17 de noviembre de 1945 en Adelia María, Córdoba, en una relación clandestina, pasó gran parte de su infancia en internados que llamaba “las tumbas”. A los nueve años llegó a Buenos Aires, donde una amiga, Marcela, le abrió la puerta a la ópera, el cine y, sobre todo, a los libros.

A los 14 años abandonó la familia que lo había acogido y, bajo la tutela de un comisario, empezó a trabajar como cadete en la Librería Platero, en Talcahuano 468. Allí escuchó a intelectuales como Carlos Astrada y José Luis Romero, y vio pasar a figuras como Manuel Puig y Quino. Arturo Jauretche, cliente habitual, se convirtió en una especie de figura paterna que le hacía ejercicios de matemática en el mostrador. “Nuestros presidentes eran lectores”, recordaba Ávila, citando a Frondizi, cuyo acceso a una biblioteca privada con clásicos subrayados le dejó una huella profunda.

En los años 90, Ávila se vinculó a la esquina de Alsina y Bolívar, donde funcionaba la Librería del Colegio, establecida en 1785 como botica de Francisco Salvio Marull y convertida en librería en 1830. El local había sido testigo de la Revolución de Mayo y de lectores como Sarmiento, Mitre, Borges y Bioy Casares. Sin embargo, a fines de los 80 el negocio quebró, quedó cerrado y fue saqueado durante cinco años. El edificio, bajo la jurisdicción del Arzobispado, estuvo a punto de alquilarse a McDonald’s, lo que Ávila describió como “un cachetazo a nuestra identidad”.

Durante dos años luchó contra la pre‑venta del local. La mediación de Cayetano Licciardo y la intervención del monseñor Jorge Bergoglio (futuro Papa Francisco) frenaron el contrato. Ávila recordó la “actitud plena de ayuda” de Bergoglio, aunque la nota no detalla el alcance de esa ayuda ni los acuerdos formales que se firmaron. Con estanterías de una sastrería antigua, reabrió el espacio en 1994 bajo el nombre de Librería de Ávila, que hoy se considera la más antigua del país.

A lo largo de su carrera, Ávila mantuvo una postura escéptica frente a los algoritmos y a los “despachantes de libros”, prefiriendo el contacto directo con los lectores. Además, cultivó una vida artística: afiliado a la Asociación Argentina de Actores desde 1975, participó en obras como Pablo y Olinda y dirigió La demolición de Ricardo Cardoso. Fue presidente de la Conabip y, en 2023, la Legislatura porteña lo distinguió como Personalidad Destacada de la Cultura, aunque la distinción no especificó si recibió algún apoyo institucional para la librería.

La muerte de Ávila plantea varias incógnitas. La fuente no aclara quién asumirá la gestión de la Librería de Ávila ni si existe un plan de sucesión. Tampoco se menciona si el local cuenta con fondos suficientes para mantenerse frente a la creciente digitalización del sector, pese a la crítica de Ávila a los algoritmos. Además, la intervención del Arzobispado y la ayuda de Bergoglio quedaron en el relato como episodios puntuales; la falta de información sobre políticas públicas de protección del patrimonio librero sugiere un vacío institucional que aún no se ha abordado.

En una época en la que los espacios culturales son vulnerables a intereses comerciales, la historia de Á

Publicado el 9 de septiembre de 2026 - 19:27hs

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