Muere piloto de ala delta motorizada al impactar cables eléctricos
Un hombre de 40 años se precipitó y quedó carbonizado tras chocar su ala delta motorizada contra un tendido eléctrico en Ojo de Agua, Posadas. La víctima voló apenas 250 metros y la tragedia ocurrió en su primer intento con el aparato. La causa exacta del deceso y la responsabilidad del accidente siguen sin esclarecerse.
Edgar Alexander Koch, de 40 años, perdió la vida este jueves en el paraje Ojo de Agua, dentro de la jurisdicción de Posadas, Misiones. Según informó la madre de la víctima, una mujer de 70 años que presenció el suceso, su hijo había salido a volar momentos antes y esa era la primera vez que utilizaba el equipo. El vuelo duró apenas unos instantes: el aparato recorrió unos 250 metros antes de colisionar con los cables del suministro eléctrico. El impacto provocó que la ala delta motorizada se precipitara sobre pastizales y se incendiara.
Los efectivos de la Comisaría 15.º llegaron al lugar alrededor de las 17:30 y constataron el fallecimiento. El cuerpo estaba carbonizado, por lo que el médico de turno solicitó una autopsia médico‑legal para precisar las causas de la muerte. En la escena también intervinieron la Policía Científica de San Isidro, bomberos, personal de la Empresa Misionera de Energía (EMSA) y el médico que atendió la emergencia. Cada organismo recolectó pruebas y trabajó en la preservación de la zona para las pericias correspondientes.
Por orden judicial, la Policía aseguró las partes del ala delta motorizada para que sean sometidas a pericias técnicas. Los restos de Koch fueron trasladados a la Morgue Judicial, donde se realizará el examen forense definitivo. Las circunstancias precisas del accidente siguen bajo investigación judicial.
El hecho plantea varias incógnitas que la investigación deberá responder. Primero, la madre de la víctima asegura que era la primera vez que Koch utilizaba el aparato, lo que sugiere una falta de entrenamiento o certificación previa. No se ha informado si el piloto contaba con alguna habilitación oficial para volar una ala delta motorizada, ni si la zona estaba señalizada como riesgo por la proximidad de la red eléctrica. Tampoco se conoce si la EMSA había advertido previamente sobre la ubicación de los cables o si existían protocolos de seguridad para actividades aéreas en esa zona rural.
Otro punto crítico es la ausencia de información sobre la autorización del vuelo. En la normativa argentina, los vuelos de aeronaves ligeras y motorizadas requieren autorización de la autoridad aeronáutica y, en algunos casos, coordinación con los operadores de infraestructura eléctrica. Hasta el momento, ninguna autoridad ha emitido declaraciones al respecto, lo que deja en el aire la cuestión de quién, si es que alguien, supervisó la actividad.
Finalmente, el hecho de que el aparato se incendiara tras el choque abre la posibilidad de que el propio combustible o la batería del motor hayan contribuido al daño corporal, más allá de la electrocución o el trauma por la caída. La autopsia y las pericias técnicas del equipo podrán aclarar si la muerte se debió a quemaduras, a la exposición a corriente eléctrica o a lesiones por el impacto.
En tanto, la comunidad de Ojo de Agua quedó conmocionada. Vecinos que escucharon el accidente describieron el ruido como “un fuerte crujido” seguido de llamas. La investigación judicial seguirá adelante y, según la costumbre, los resultados de las pericias serán públicos una vez concluida la causa oficial del deceso. Mientras tanto, la tragedia deja en evidencia la necesidad de revisar los protocolos de seguridad para actividades de vuelo recreativo en zonas donde confluyen infraestructuras críticas.



