Olga Ferri cuelga sus zapatillas a los 49 y transforma el ballet
En 1977 la bailarina del Teatro Colón se retiró del escenario tras una última versión de Coppelia. La decisión, tomada en silencio, marcó el fin de una carrera que había empezado a los 12 años y que dejó una profunda influencia en la formación de nuevas generaciones de bailarines.
Nacida el 20 de septiembre de 1928 en Buenos Aires, Olga Ferri mostró desde niña la certeza de que quería ser bailarina. A los 12 ingresó al Instituto del Teatro Colón, entonces llamado de otra forma, y a los 15 ya formaba parte del cuerpo de baile como refuerzo, percibiendo “dos pesos con cincuenta” por cada función, una suma que describió como significativa para su edad.
Su talento se consolidó rápidamente. Con 17 años participó en un concurso y, al año siguiente, debutó como bailarina solista. A los 18, ya era una presencia regular en los principales espectáculos del Colón, y su capacidad de aprender coreografías con rapidez –según ella, gracias a una memoria fotográfica– la convirtió en la opción preferida de los directores cuando surgían imprevistos.
Durante las décadas de 195 y 1970 integró el grupo de primeras bailarinas del Teatro Colón junto a figuras como Esmeralda Agoglia, María Ruanova, Violeta Janeiro y Norma Fontenla. Su proyección internacional la llevó a Brasil, París, Múnich y Berlín, y la convirtió en solista del Ballet del Marqués de Cuevas y del London’s Festival Ballet en varias temporadas (1960, 1961, 1963 y 1966). Entre sus papeles más citados están Giselle y La muerte del cisne. En 1971, el bailarín soviético Rudolf Nureyev la invitó a compartir el escenario en El Cascanueces, un hecho que la prensa de la época calificó como un hito para la danza clásica argentina.
Paralelamente a su carrera escénica, Ferri desarrolló una profunda vocación docente. En 1971, junto a su esposo Enrique Lommi –primer bailarín del Colón y compañero de escena en obras como El lago de los cisnes y La bella durmiente– fundó el Ballet Estudio. Desde ese estudio pasaron futuros referentes del ballet argentino, entre ellos Paloma Herrera, Julio Bocca, Ludmila Pagliero e Iñaki Urlezaga. Paloma Herrera, en su autobiografía Una intensa vida, describió a Ferri como una maestra rigurosa pero afable, cuya exigencia se equilibraba con una visión artística integral.
El 1977, a los 49 años, Ferri decidió retirarse. La decisión se mantuvo en reserva hasta después de la función de despedida, una versión de Coppelia que cerró su trayectoria escénica. En sus propias palabras, la bailarina buscaba “disfrutar un poco más” y no deseaba un último aplauso ni la pompa de una despedida pública. A pesar de recibir ofertas para bailar en los Estados Unidos, rechazó todas, prefiriendo concentrarse en la enseñanza y en la vida fuera del escenario.
Ferri falleció el 15 de septiembre de 2012, cinco días antes de cumplir 84 años. Su primer aniversario de fallecimiento fue conmemorado por Google mediante un homenaje en su buscador, y una década después, el Teatro Astral organizó una gala en su honor, con la participación de artistas del Colón, del Argentino de La Plata y otros invitados destacados. Su esposo, Enrique Lommi, murió el 13 de marzo de 2019 a los 96 años; ambos



