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Ratio crédito‑dólar supera 70% y rompe récord desde 2019

El indicador que relaciona los préstamos en dólares con los depósitos en esa moneda alcanzó su nivel más alto en cinco años, luego de la flexibilización del régimen crediticio. El Gobierno lo promociona como motor de crecimiento, pero la medida reaviva dudas sobre la vulnerabilidad del sistema financiero y los riesgos para los deudores.

El balance del Banco Central muestra que, al cierre del segundo trimestre de 2024, el total de créditos en dólares representó el 71 % de los depósitos en esa moneda, el punto más alto desde que se empezó a registrar la serie en 2019. La cifra supera el 65 % que se había registrado a fines de 2023 y la marca del 60 % que se mantenía estable durante la mayor parte de la gestión anterior.

Ese salto se produjo en el marco de la “flexibilización” anunciada por el Ministerio de Economía en enero, que eliminó varios requisitos para que los bancos otorgaran préstamos en dólares a empresas y particulares. Entre los cambios más llamativos: la eliminación del límite de exposición del 30 % del patrimonio bancario, la reducción del “colchón” de reservas obligatorias y la posibilidad de pactar plazos más largos sin la intervención directa del BCRA. La lógica oficial es clara: con el crédito en pesos cada vez más escaso por la alta inflación y la restricción de la liquidez, los dólares pueden volver a ser el motor que impulse la inversión y el consumo.

Sin embargo, la cifra récord plantea preguntas que el discurso oficial pasa por alto. Primero, ¿qué significa que la mayor parte del crédito disponible esté denominados en una moneda que sigue subiendo de valor frente al peso? Un préstamo en dólares que se contrata hoy con una tasa nominal del 10 % puede, en términos de pesos, costar mucho más cuando la devaluación continúe. La experiencia de los últimos dos años muestra que la brecha cambiaria ha sido la principal causa de impagos en el sector corporativo; la exposición a dólares, aunque parezca “más estable”, se traduce en mayor riesgo de default para los deudores que no cuentan con ingresos dolarizados.

Segundo, la política parece beneficiar a los grandes bancos y a los conglomerados que ya poseen una base sólida de depósitos en dólares. Según datos del BCRA, los cuatro bancos con mayor participación en el mercado de depósitos en dólares concentran el 58 % del total de esos recursos. Al permitirles expandir su cartera crediticia sin mayores contrapesos, el gobierno podría estar reforzando una concentración que deja fuera a pymes y consumidores con menor capacidad de acceso a la divisa.

Tercero, la medida ignora el efecto colateral sobre la política monetaria. El BCRA, que lleva años intentando contener la inflación mediante la restricción del crédito en pesos, ve ahora una parte importante de su herramienta de control debilitada. La expansión de créditos en dólares no solo incrementa la presión sobre el tipo de cambio, sino que también dificulta la calibración de la tasa de referencia, pues una mayor demanda de dólares por parte de los prestatarios compite con la oferta que el banco central controla. En un escenario donde la inflación sigue superando el 150 % anual, esa pérdida de “palanca” podría traducirse en una mayor volatilidad cambiaria.

Los analistas del sector financiero no tardan en señalar que el récord del ratio crédito‑dólar no garantiza un impulso sostenido a la actividad real. Un estudio de la Universidad de CEMA estimó que, de los nuevos préstamos en dólares otorgados desde la flexibilización, apenas el 22 % se destinó a inversiones productivas; el resto se concentró en refinanciaciones y consumo duradero. La diferencia es crucial: mientras la inversión genera empleo y crecimiento a mediano plazo, el consumo financiado en dólares se vuelve insostenible cuando la brecha cambiaria se amplía.

A nivel de la población, la exposición a la divisa se traduce en un nuevo tipo de vulnerabilidad. Según la encuesta de la Comisión Nacional de Defensa del Consumidor (Conadecu), el 38 % de los hogares que solicitaron créditos en dólares en los últimos seis meses reportó dificultades para cumplir con los pagos al tercer vencimiento. La encuesta también muestra que la mayoría de esos hogares no cuenta con ingresos dolarizados y depende exclusivamente de salarios en pesos, lo que los coloca en una situación de “doble riesgo”: inflación alta y tipo de cambio volátil.

El debate no se limita a los números. En el Congreso, la oposición ha pedido al Ministerio de Economía que presente un plan de mitigación para los deudores más vulnerables y que reintroduzca límites prudenciales al crecimiento del

Redacción Tiempo REAL · Publicado el 28 de agosto de 2026 - 12:26hs

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