Robots impulsan la salida de China de la crisis laboral
La población activa del país se reducirá a la mitad en los próximos ocho décadas, según la ONU. Ante ese escenario, el gobierno ha duplicado la inversión en automatización y apunta a que la industria robótica cubra la brecha de mano de obra. La estrategia ya muestra resultados en fábricas de alta demanda, pero enfrenta retos de capacitación y costos.
En 2009 el número de personas entre 15 y 64 años en China alcanzó los 900 millones, cifra que representó la mayor fuerza laboral del planeta. Las proyecciones de la Organización de Naciones Unidas indican que, para 2100, ese mismo rango etario caerá a cerca de 300 millones, una reducción de un tercio del total mundial. El descenso se debe a la combinación de una tasa de natalidad que ronda los 1,1 hijos por mujer y al envejecimiento acelerado de la población, efectos colaterales de la política del hijo único que estuvo vigente durante casi cuatro décadas.
Frente a esa perspectiva, el Estado ha orientado su política industrial hacia la automatización masiva. En el último año, el Ministerio de Industria y Tecnologías de la Información anunció un plan de inversión de 1,2 billones de yuanes (aprox. 170 miles de millones de dólares) en la expansión de la robótica y la inteligencia artificial. El objetivo declarado es que, para 2035, los robots industriales representen el 30 % de la producción manufacturera, frente al 15 % registrado en 2022.
Los números respaldan la intención. Según datos de la Asociación China de Robótica, la venta de robots industriales creció un 28 % en 2023, alcanzando los 300 000 unidades, y la producción nacional superó el 90 % de la demanda interna. Empresas como Foxconn, que ensambló la mayor parte de los smartphones del mundo, ya emplean líneas totalmente automatizadas en sus plantas de Shenzhen, reduciendo la necesidad de operarios en un 40 %. En la industria automotriz, gigantes como BYD y Geely han integrado brazos robóticos para soldadura y ensamblaje, manteniendo la capacidad de producción pese a la escasez de mano de obra calificada.
Los analistas ven en la robótica una respuesta a la disminución del número de trabajadores, pero también advierten sobre los costos de transición. “Los robots pueden sustituir tareas repetitivas, pero la falta de técnicos y programadores sigue siendo un cuello de botella”, explicó Liu Wei, jefe del Departamento de Innovación Tecnológica de la Universidad de Tsinghua. Para paliar esa brecha, el gobierno ha lanzado becas y cursos gratuitos en programación de robots, dirigidos a jóvenes de zonas rurales que tradicionalmente habían abastecido la cadena productiva.
Otro punto crítico es la competitividad de los costos. Los precios de los robots industriales han bajado un 15 % en los últimos tres años, gracias a la producción local y a la reducción de aranceles. Sin embargo, el gasto inicial para equipar una planta con una línea de automatización completa sigue superando los 10 millones de dólares, cifra que muchas pequeñas y medianas empresas consideran prohibitiva. En respuesta, el Banco Popular de China ha creado líneas de crédito específicas para la adquisición de equipos de automatización, con tasas de interés reducidas y plazos de hasta diez años.
La estrategia también incluye la adopción de sistemas de inteligencia artificial para la gestión de la cadena de suministro y la optimización de procesos. Empresas logísticas están probando almacenes totalmente autónomos, donde los robots móviles trasladan mercancías sin intervención humana. Según un informe del Centro de Estudios de Economía China, la eficiencia operativa de estos centros puede mejorar en un 25 % y reducir el consumo energético en un 12 %.
A nivel social, la automatización plantea preguntas sobre el futuro del empleo. El Ministerio de Recursos Humanos y Seguridad Social estima que, si bien la robotización eliminará alrededor de 30 millones de puestos de trabajo manuales en la próxima década, simultáneamente generará 20 millones de empleos de alta calificación en áreas como mantenimiento, programación y análisis de datos. La balanza, según los expertos, dependerá de la capacidad del sistema educativo para reorientar a la fuerza laboral hacia esas nuevas competencias.
En la práctica, la transición ya se percibe en ciudades industriales como Dongguan y Wenzhou, donde la tasa de desempleo ha permanecido estable pese a la caída de la población activa. Los sindicatos locales, sin embargo, expresan preocupación por la velocidad del cambio. “Los trabajadores mayores no pueden adaptarse al ritmo de la tecnología; necesitamos planes de recolocación y capacitación que no sean solo palabras”, señaló Zhang Min, representante del sindicato de fábricas textiles.
La comunidad internacional observa con atención la apuesta china por la robótica. La Comisión Europea ha anunciado una colaboración para compartir estándares de seguridad en robots colaborativos, mientras que Estados Unidos ha intensificado la competencia en el desarrollo de inteligencia artificial aplicada a la manufactura. En este escenario, la capacidad de China para escalar su producción automatizada podría redefinir la distribución global de la cadena de suministro.
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