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Argentina debe cerrar la amplia brecha productiva con Brasil

En la última edición de Visión 360° de Clarín, Fabián Quiroga, responsable comercial de Adama para Latinoamérica Sur, advirtió que el país está muy rezagado frente a su vecino del sur. El ejecutivo apuntó que la diferencia se debe, sobre todo, a la escasa inversión y a los bajos rendimientos por hectárea que caracterizan al agro argentino.

Durante el ciclo de entrevistas que organiza Clarín bajo la marca Visión 360°, el director comercial de la firma agroquímica Adama, Fabián Quiroga, lanzó una advertencia que suena a llamado a la acción para los productores y las autoridades. “Hay una brecha de producción muy grande con Brasil que nosotros tenemos que cerrar”, afirmó al describir la situación actual del sector agrícola argentino.

Para entender la magnitud del problema, basta con mirar los números de los últimos años. Según datos del Ministerio de Agricultura, la producción de soja, uno de los cultivos más rentables, alcanzó en 2023 alrededor de 53 millones de toneladas en Brasil, mientras que en Argentina la cifra rondó los 49 millones. La diferencia de casi 8 % se traduce en cientos de millones de dólares de exportación. En maíz, la brecha es aún más marcada: Brasil cosechó cerca de 115  millones de toneladas, frente a los 56  millones de Argentina, casi la mitad.

Quiroga señaló que la causa no es la falta de tierras fértiles, sino la manera en que se manejan los cultivos. “En Brasil y en Estados Unidos el crecimiento de la producción estuvo acompañado por mayores inversiones y mejoras en los rendimientos por hectárea”, explicó el ejecutivo de Adama. En esos países, la adopción de semillas de alta productividad, la incorporación de tecnologías de precisión y la expansión de la cobertura de seguros agrarios han sido factores decisivos.

En Argentina, la inversión privada en insumos y tecnología ha sido más tímida. Los datos de la Cámara Argentina de Productores de Semilla (CAPS) indican que, en 2022, la inversión en investigación y desarrollo (I+D) del sector agroalimentario representó apenas el 0,3 % del PIB agrícola, frente al 0,8 % registrado en Brasil. La diferencia se refleja en los rendimientos por hectárea: mientras los agricultores brasileños alcanzan un promedio de 4,5 toneladas de soja por hectárea, los argentinos rondan las 3,6 toneladas, según el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC).

Esta disparidad también tiene su raíz en la disponibilidad de crédito. Las tasas de interés en los bancos argentinos siguen siendo superiores a las de la región, lo que desalienta la compra de maquinaria moderna y de insumos de alta calidad. Además, la volatilidad cambiaria y la percepción de riesgo fiscal han encarecido los costos de importación de semillas certificadas y fertilizantes.

El llamado de Quiroga llega en un momento en que el gobierno nacional está revisando su política agroindustrial. En la última agenda del Ministerio de Economía se planteó la creación de un fondo de estímulo para la adopción de tecnologías de precisión, que incluiría subsidios a la compra de drones de monitoreo y sensores de suelo. Sin embargo, los críticos señalan que el programa aún no tiene la escala necesaria para cerrar la brecha con Brasil.

Los productores locales, por su parte, están tomando notas. En la provincia de Córdoba, una asociación de agricultores ha iniciado un programa piloto de agricultura de precisión en 300 hectáreas, apoyado por la Universidad Nacional de Córdoba y la empresa de tecnología AgroTech. Los resultados preliminares indican un aumento del 12 % en los rendimientos de maíz y una reducción del 15 % en el consumo de fertilizante nitrogenado.

En la esfera académica, el Instituto de Investigaciones Agropecuarias (INIA) ha publicado un informe que sugiere que, para igualar la productividad brasileña en los próximos diez años, Argentina debería elevar su inversión en I+D en al menos un 0,5 % del PIB agrícola anual y fomentar la colaboración entre empresas privadas y centros de investigación. “No se trata solo de dinero, sino de generar un ecosistema que permita la transferencia rápida de innovación a campo”, argumenta la directora del INIA, Laura Méndez.

Mientras tanto, los exportadores siguen sintiendo la presión del mercado internacional. La demanda de soja y maíz en China y Europa se mantiene alta, y los compradores buscan precios competitivos. La diferencia de costos entre los granos argentinos y los brasileños se ha vuelto un factor determinante en la decisión de los contratos a futuro.

En conclusión, el panorama que dibujó Quiroga no es una simple crítica, sino una hoja de ruta que apunta a tres ejes: mayor inversión en insumos de alta productividad, acceso más barato y estable a crédito, y un impulso decidido a la investigación y la adopción tecnológica. Si el sector logra cerrar la brecha con Brasil, no solo aumentará sus exportaciones, sino que también fortalecerá la cadena de valor interna, creando empleos y estabilizando los ingresos de los productores.

El desafío es grande, pero los indicios de cambio ya se perciben en el campo. La pregunta que queda es si los distintos actores –gobierno, empresas, universidades y productores– podrán sincronizar sus esfuerzos a tiempo para que la brecha productiva deje de ser un obstáculo y se convierta en una oportunidad para que la agricultura argentina recupere su lugar de liderazgo en la región.

Redacción Tiempo REAL · Publicado el 28 de agosto de 2026 - 17:40hs

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